jueves, 17 de abril de 2014

El cáliz de doña Urraca, el grial de la controversia. Ricardo Herreras analiza el nuevo "descubrimiento".









   EL GRIAL DE LA CONTROVERSIA



El pasado 23 de marzo moría Adolfo Suárez. Ese día la prensa leonesa recogía, a partir de una investigación histórica, una sorprendente noticia bajo el titular “El Santo Grial está en León”. El hecho pasó ligeramente desapercibido hasta que el día 26 numerosos medios nacionales e internacionales se hicieron eco de la misma y entonces casi todos quisieron entender que sí, que el Santo Grial (la copa utilizada en la Última Cena por Jesús de Nazareth) llevaba siglos en León.

Pasados los días, tan rotunda y errónea afirmación de la prensa debe necesariamente ponerse en cuarentena. Centrémonos en lo básico: en el libro de equívoco título “Los reyes del Grial”, Margarita Torres - medievalista y profesora de la Universidad de León -  y José Miguel Ortega - historiador del Arte - no desvelan en absoluto que el antaño conocido como cáliz de Doña Urraca de la preciosa Colegiata de San Isidoro en León sea el Santo Grial; muy al contrario, lo que indican es que el cáliz leonés que llegó a León desde Egipto en tiempos de Fernando I es en realidad lo que se creía que era el Grial, es decir, lo que los cristianos de Jerusalén veneraban como tal desde el año 400, aduciendo como prueba irrefutable unos manuscritos traducidos del árabe. Aún así, tampoco prueban de forma suficientemente clara que el citado cáliz sea ese mismo Grial venerado como tal desde el siglo V. Existen contradicciones y lagunas, que expertos medievalistas se encargarán de exponer.




Aquí se concatenan varios problemas. Uno de ellos tiene que ver con el escaso rigor de una prensa sensacionalista, pues vivimos en la época de la inmediatez y del trending topic, y lo queremos todo ya, ahora. Seguramente la mayoría de periodistas no sabrían hasta ayer qué era el Cáliz de Doña Urraca ni quién era ésta (reina en Zamora entre 1065 y 1101). Tampoco sabrían que una copa de ónice como es el caso no podría datarse por Carbono 14, o que la parte superior del cáliz es una copa bastante común en la época en la que vivió Jesús. Así, por pura y dura ignorancia, los periodistas oyeron campanas sin saber dónde y corrieron a refugiarse en el más impactante de los titulares: “el Santo Grial está en León”. ¡Toma ya!

El segundo problema está en que ni Margarita ni su compañero de fatigas investigadoras han explicado de forma suficientemente clara sus supuestos descubrimientos, lo que ha dado lugar, con su actitud ambigua, a generar mayor confusión. Mi pregunta es: ¿se han visto desbordados por la magnitud de la noticia o han formado parte del circo mediático?

Y el tercero está en el turismo. El tráfico de reliquias fue algo muy habitual por parte de la Iglesia católica desde la Edad Media, lo que garantizaba el dinero de los creyentes. En su afán por atraer a las masas, catedrales, monasterios e iglesias se nutrían del mercado negro de reliquias, siendo el  objetivo final obtener más dinero. ¿Estamos ante una operación de las mismas características en estos tiempos finiseculares donde los intereses crematísticos lo mueven todo? Ahí lo dejo.

En mi opinión, la Colegiata de San Isidoro de León merece una visita por su importancia histórica y los tesoros que allí se custodian, entre ellos el maravilloso cáliz de Doña Urraca. Pero no, no creo que el Santo Grial, el usado por Cristo en la Última Cena, esté en León.


                                                                       Ricardo Herreras Santamarta.

 
                                                              

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