lunes, 23 de febrero de 2015

Cuando el Gran Carnaval nos esclaviza con su comida-basura y sus ideas-basura.








Ricardo Herreras Santamarta/



                                                           EL GRAN CARNAVAL

Así se tituló una memorable película de 1951 dirigida por el gran maestro vienés Billy Wilder y protagonizada por ese monstruo de la interpretación que fue Kirk Douglas que, vista una y otra vez, aún hoy me sigue pareciendo la crítica más lúcida, amarga, corrosiva y despiadada que el llamado Séptimo Arte haya hecho nunca sobre la manipulación ejercida por ciertos profesionales de la información. 

Sesenta y cuatro años después, los desaprensivos medios de comunicación - con sus estúpidas ficciones, absurdos reality shows y martilleante publicidad - continúan empeñados en banalizar la realidad hasta convertirla en simulacro, espejismo y, parafraseando al gran GuyDebord, espectáculo para deglutirla sobre unas gentes a las que se pretende ahogar sin ningún pudor en la estulticia más absoluta. Y de paso, devolverlas a lo más profundo de la caverna platónica o encerrarlas en un nuevo y más perverso castillo kafkiano, ese donde solo cabe la miseria moral y la mediocridad intelectual.

En efecto: tan nocivo o más que la comida-basura para nuestra dieta alimenticia, lo es también el bombardeo de ideas-basura al que nos someten a diario los mass media regodeándose en fomentar los instintos más primarios (exhibicionismo, morbo, avaricia, etc.) del ser humano. En una sociedad como esta, donde prima lo inmediato (el aquí y el ahora) y la dictadura de la imagen, es muy probable que sin darnos cuenta siquiera nos estemos deslizando por la peligrosísima e irreversible pendiente del embrutecimiento y la deshumanización.

Ahora más que nunca urge oponer y fomentar aspectos fundamentales como la reflexión, la cultura o la creatividad. Después será ya demasiado tarde y de nada servirá lamentarse.

                                                                                  RICARDO HERRERAS
            


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