lunes, 2 de marzo de 2015

Neoliberalismo, ¿el fundamentalismo más feroz?. Un sistema corrompido hasta el tuétano.








                                                                 NEOLIBERALISMO

Ahora que se está debatiendo tanto sobre fundamentalismos, se está dejando de lado a propósito uno de los más feroces: el neoliberalismo. Un buen amigo suele decirme que éste “no es más que un fascismo vestido de Armani”. Dicha afirmación con voluntad de sentencia suena a hipérbole, pero yendo al fondo no se equivoca demasiado, pues en los últimos 40 años tal pensamiento ha permitido a las élites oligárquicas dominantes realizar una labor de zapa en las instituciones del Estado hasta socavarlas y casi vaciarlas de su contenido democrático. No con desfiles brazo en alto, sino con costosas y hasta atractivas campañas de márketing (donde se habla de “libertad” como si fuera un mantra védico o de que “si uno se esfuerza, acaba triunfando y consiguiendo lo que quiere”) de los mass media controlados por ese poderoso caballero que es Don Dinero.

            Pero su demagógico y triunfalista discurso choca con la realidad de un feroz sistema socialdarwinista que explota, aliena, disgrega y atomiza a los individuos (cuando todos sabemos que necesitamos de los espacios comunes para poder desarrollarnos como personas y vivir en armonía), donde la única libertad constatable que existe es la de mercado y donde no se admiten ni el fracaso ni la disidencia.

            Esta forma de capitalismo salvaje es muy fácil de entender: lo que los plutócratas ganaban antes en 15 años bajo el keynesianismo, ahora lo ganan en uno solo. El cómo, comportándose como auténticos corsarios de las finanzas y cuatreros de lo público, a fin de lograr lo que en palabras de David Harvey define como “acumulación por desposesión”; esto es, que los ricos lo sean cada vez más a costa de la inversa y proporcional depauperación de los pobres. Desde luego, ¡dónde se están quedando las clases medias surgidas al amparo del Welfare State! Un pequeño dato: se espera que en 2016, el 1% de la población mundial haya acaparado para sí el 50% de la riqueza del planeta... ¿alguien duda hoy de que las megaempresas capitalistas (multinacionales, trusts, cárteles y oligopolios varios) estarían actuando tal que ladrones organizados a escala planetaria a fin de acumular riqueza y poder, torpedeando la labor de los gobiernos a la hora de definir el interés público?

La actual crisis desatada en 2008 ha convertido en certezas lo que muchos intuíamos ya, dejando al descubierto la verdadera naturaleza de un sistema corrompido hasta el tuétano cuyo único valor es el vil metal –sobre el que pretende, además, fundamentar todas las manifestaciones de la existencia– y la insaciable codicia de sus acólitos. Paradojicamente, el neoliberalismo no solo ha herido de muerte a la democracia, sino también a la propia economía de mercado en su obsesión de especular de forma descontrolada para hacer dinero a partir del dinero, dejando de lado la actividad productiva.

Para más escarnio, los bastardos que se han lucrado (y siguen lucrándose) de la forma más banal están absolutamente convencidos que sus fortunas les van a mantener al margen de cualquier castigo o penitencia por mor de sus fraudulentos trapicheos financieros. Y lo peor de todo es que sí, que van a tener razón y se van a salir con la suya. Los muy cabrones.



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