martes, 16 de junio de 2015

Felipe González "el trolas" la lía en Venezuela. El viaje del anciano analizado por Ricardo Herreras.








Ricardo Herreras Santamarta/



                    MR. X GOES TO CARACAS

Caracas, lunes 27 de febrero de 1989. A estancias del FMI, el muy corrupto mandatario (más bien mandamás) Carlos Andrés Pérez -también conocido en su país como CAP o “el gocho”- había presentado al conjunto de la nación unas semanas antes un durísimo paquete de ajustes macroeconómicos que solo apretaba el cinturón a los más desfavorecidos, con un incremento inmediato e intolerable en las tarifas del combustible, servicios públicos y alimentos.

Aquella mañana miles de personas salieron espontáneamente de sus casas para protestar. Todos los comercios cerraron sus puertas. En varios puntos de la ciudad se produjeron saqueos a camiones de comida y supermercados. El gobierno, en vez de escuchar la voz del depauperado pueblo, decidió suspender todas las garantías constitucionales, declarar la ley marcial y el estado de sitio para castigarlo deliberadamente de la manera más violenta posible de manera que nunca le quedaran ganas de volver a desafiar a la todopoderosa oligarquía venezolana: la acción conjunta de la Policía Metropolitana y el Ejército -¡con cuatro millones de balas disparadas!– en los siguientes días dejó un saldo cercano a los 300 fallecidos y 2000 desaparecidos.

Fue “el Caracazo”, una masacre sin la cual es imposible explicar lo que ha venido después en el país caribeño. Y me refiero sobre todo al despertar de los hasta entonces “invisibles”, pobres y marginados, hacedores del ascenso al poder del chavismo político, el cual no es perfecto en absoluto, pero está lejos de ser el malvado “ogro rojo” que grotescamente nos pintan a diario nuestros mass media.

Pues bien, 26 años después y con esa cara -a cierta edad todos tienen la que se ganan a pulso- que le ha puesto la pasta, el estatus, el coche con chófer del que nunca se ha bajado y la venta de su alma al diablo, nuestro famoso ex presidente y ex consejero de Gas Natural ha viajado allí la pasada semana. Pero no para investigar el paradero de algunos de aquellos desaparecidos por su amigote y mentor CAP (nada extraño, si tenemos en cuenta que en España nunca le importaron mucho los desaparecidos por el franquismo) sino para “defender” como abogado a algunos miembros encarcelados de la ultraderechista, histérica y golpista oposición a Nicolás Maduro. Esa misma oposición cuyas algaradas y excesos de todo tipo son jaleados irresponsable e hipócritamente por nuestro Gobierno mientras éste aprueba por lo bajinis leyes liberticidas para disuadir a los que aquí salimos a manifestarnos. 

Desde luego, a mí me gustaría ver los comentarios de algunos de esos tertulianos españoles que se erigen en "demócratas de toda la vida" si por ejemplo algún miembro del chavismo hubiera venido aquí a defender la excarcelación de presos del llamado por el inefable Aznar "Movimiento Vasco de Liberación" cuando así le interesó... ¡Quién vería a los Marhuendas e Indas de turno rasgarse las vestiduras en los platós de TV! Ahí lo dejo.

En cuanto a Felipe González alias “el trolas”, el oportunista e impostor que viajó a Suresnes con salvoconducto de Carlos Arias Navarro, el gran traidor de la izquierda española, el “Señor X” de los GAL, el presidente del nefasto gobierno de FILESA, los “fondos reservados”, la “cultura del pelotazo”, la reconversión industrial, los conciertos educativos favorables a los curas, la impresentable entrada en la OTAN (ja, ja, ja, grande Javier Krahe con su mítica canción “Cuervo ingenuo”) y la CEE, el ególatra compulsivo que escupe veneno cada vez abre la boca y se resiste a dejar de ser el centro de atención…calladito estaría más guapo.

Eso sí, llama la atención su “coherencia”, pues con los años sigue militando de forma abierta y entusiasta donde siempre estuvo realmente: en la contumaz defensa de los bastardos intereses del gran capital, ya sea nacional o internacional. 

                                                                       RICARDO HERRERAS
 

 

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