martes, 30 de junio de 2015

Juan Matínez Majo acaba con el espíritu Carrasco que se había aferrado a la Diputación de León.





Los años de gastos egocéntricos en estancias personales de la Diputación, de opacidad y puertas cerradas -que comenzaron cuando llegó Isabel Carrasco-, podrían haber terminado ya. En efecto, el nuevo presidente Martínez Majo ha acabado de golpe con el espíritu Carrasco que aún imperaba en el Palacio de los Guzmanes como consecuencia del servilismo, el temor o la falta de personalidad, de los que sucedieron a la polémica expresidenta.

Así, desde el año 2007 la Diputación se había cerrado a la ciudadanía y el derroche en algunas estancias privadas se disparaba escandalosamente mientras la corrupción brotaba por los pasillos de palacio. Sin embargo, tras el fallecimiento de Isabel Carrasco -el 12 de mayo de 2014- algunos leoneses creyeron que la Diputación se reencontraría nuevamente con la ciudadanía aunque las maneras de los nuevos presidentes propiciaron que la era Carrasco tuviera continuidad. Y tal era ésta, que todas las mañanas se ponía una rosa fresca bajo el retrato de la expresidenta, a pesar de lo poco querida que era en León.

Por fin, todo ello parece haber terminado ya, puesto que el nuevo presidente ha acabado con el oscurantismo y las costumbres excéntricas de los últimos tiempos. Así es, Martínez Majo retornará al despacho presidencial de siempre, a la vez que volverá a abrir las puertas de la Diputación a los ciudadanos, e incluso, acabará con la reciente costumbre de poner todos los días una rosa fresca para honrar a la difunta.



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