lunes, 1 de junio de 2015

Los esperpénticos planes de salvación de Aguirre para Madrid. ¿Temor a las auditorías que se avecinan?.









Ricardo Herreras Santamarta/



                                                          ESPE(RPENTO)

Como era previsible, la más que notoria pérdida de poder por parte del bipartidismo en las elecciones municipales y autonómicas del pasado domingo está provocando toda una oleada de reacciones que van desde el nerviosismo a la histeria, lo cual se refleja bien en esas prisas por parte de los equipos de gobierno salientes en destruir de forma compulsiva -imagino que ante futuras auditorías de infarto- montañas y montañas de documentos en las trituradoras de ayuntamientos y diputaciones.


            Capítulo aparte merecen las comparecencias de Esperanza (“Espe” para los amigos) Aguirre, la Margaret Thatcher hispana. Sin que sea descartable que se haya pasado de la “raya”con los psicotrópicos ni tampoco una enfermedad mental degenerativa, la desquiciada y esperpéntica carrera de esta señora hacia los abismos del ridículo (solo la ha faltado ofrecer la alcaldía de Madrid a su perro con tal de que no se revisen las cuentas del mismo) le lleva a uno a hacerse bastantes preguntas: ¿qué es lo que no quiere a ningún precio que se descubra?, ¿algún pelotazo inmobiliario/urbanístico pretérito que dé al fin con sus huesos en chirona?


            La verdad, cuesta no ser sarcástico después de sus desaforadas performances en estos días. Pero vamos a intentarlo. Desde luego, bien sabía la condesa que sería casi imposible consumar una Triple Alianza (PP-PSOE-Ciudadanos) para impedir a Podemos hacerse con el bastón de mando de la capital, máxime cuando ello hubiese supuesto la inmolación cuasi definitiva de un PSOE al que bastante se le ha visto el plumero ya. El objetivo real de ésta creo era muy otro: reconducir a las mermadas y alicaídas huestes del PP por medio de una pretendida clase magistral de pedagogía política a medio camino entre el panfleto neoliberal, la soflama patriotera y el discurso del miedo.


            Pero le ha salido el tiro por la culata. Su dislexia la ha dejado en evidencia por enésima vez, porque quienes como ella consideran que las imperativas leyes del mercado están por encima de los derechos (educación, sanidad, vivienda) constitucionales y aceptan las desigualdades sociales son los que de facto se están situando fuera del sistema democrático. Mientras, los que velan por el cumplimiento de esos sagrados derechos, aún teniendo que poner límites a los abusos del mercado para su cumplimiento, esos sí caminan por la verdadera senda democrática.  


            Y en última estancia habría que recordarla las nefastas consecuencias que históricamente han tenido en España llamadas mesiánicas del tipo “La patria está en peligro”.


                                                                                   RICARDO HERRERAS




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