martes, 7 de julio de 2015

El Acuerdo de Londres de 1953 evidencia la doble moral de Europa y contrasta con el trato denigrante que se le está dando a Grecia. Ricardo Herreras recuerda las deudas pendientes.







Ricardo Herreras Santamarta/



                                                                        DEUDAS PENDIENTES

Esta es la foto que los furibundos adalides de la austeridad y las políticas de control sobre el déficit -con Merkel y su iluminado ministro Wolfgang Schäuble, el Dr. Strangelove de las finanzas, a la cabeza-  no quieren que les recuerden ni por asomo: la correspondiente a la firma el 27 de febrero de 1953 del llamado Acuerdo de Londres, por el que se canceló hasta el 62,6% de la gigantesca deuda que Alemania había contraído tras una guerra que, por cierto, dicho país inició y ejecutó de la manera más criminal e infame. Eso (y la mano de obra emigrante, mucha de ella española) fue clave para que en los años sucesivos la entonces RFA se recuperara económicamente.

El Acuerdo de Londres es un reciente y ocultado ejemplo de cómo cuando existe voluntad política se pueden lograr cosas extraordinarias, como es el caso de reestructurar la deuda soberana de un país, lo cual contrasta con el denigrante trato que se está dando en la actualidad al país helénico, al que de forma injusta se está forzando a aplicar unas políticas de empobrecimiento que están resultando letales para su ya exhausta población. Máxime cuando en 1953 uno de esos generosos acreedores con la hoy insolidaria Alemania fue precisamente Grecia, ocupada de forma brutal por los “chicos” de la Wehrmacht en 1941 y forzada luego a pagar al “Reich de los mil años” casi 480 millones de marcos; nunca devueltos, como bien ha recordado Syriza…

Así pues, existieron y existen soluciones alternativas a la hoja de ruta a la que tan tercamente se están aferrando los funcionarios de Bruselas al servicio del Bundesbank, hasta ahora solo apta para hacer vivir a los griegos en un gigantesco campo de concentración. ¿Cómo es posible, entonces, esta falta de generosidad por parte del gobierno de Berlín y de sus desmemoriados votantes? Quizás, en el fondo, no les guste que nadie les recuerde que un día, tras ser derrotados, ocupados y divididos, también fueron pobres. Y como reza el refrán: “Nunca pidas al que pidió ni sirvas al que sirvió”.  

En pocas palabras: si Alemania quiere seguir manteniendo su privilegiada posición en esta partida geoestratégica mundial en la que estamos envueltos, debe entender (incluso por su propio bien) que no lo podrá hacer por mucho tiempo a costa de exprimir a los países del Mediterráneo ni de utilizar a la UE como tapadera para su indisimulado proyecto de IV Reich financiero. Espero que por una vez sean capaces de dejar a un lado su tradicional fanatismo y egoísmo y demuestren amplitud de miras.

Desde luego, el rotundo triunfo anteayer del NO en el referéndum griego, además de un triunfo para todos los que aspiramos a acabar con la diabólica dinámica ultra-neoliberal impuesta desde el Tratado de Maastrich por los mercachifles de la Troika, gobiernos cipayos y medios informativos cómplices, es un primer toque de atención para la soberbia germana del que también deberán tomar buena nota los incrédulos, manipuladores y fabricantes de miedo. Pero sobre todo, un ejemplo histórico de dignidad para el resto de pueblos del sur europeo que pronto seguiremos sus pasos.

                                                                       RICARDO HERRERAS



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