jueves, 2 de julio de 2015

Ricardo Herreras se pregunta que sucederá cuando el pueblo español decida sobre su modelo de Estado.








Ricardo Herreras Santamarta/


                UN AÑO


¡Pues sí, cómo pasa el tiempo! Se han cumplido 12 meses de la abdicación express de Juan Carlos I y la consiguiente subida al trono de su joven sucesor. En la efeméride, los corifeos más reconocibles de los mass media -y alguna que otra estrella invitada que no se sabe muy bien qué pintaba ahí, caso de Pau Gasol, Alejandro Sanz o Risto Mejide- no han perdido la ocasión de cantarnos y contarnos las excelencias de un Felipe VI al que, a fuerza de repetírnoslo, ya se conoce entre la gente como “el Preparado”. 

            Dejando de lado la delirante persecución de banderas republicanas por la policía controlada entonces por la ahora presidenta de la Comunidad madrileña el día de su coronación, sería de necios no reconocer algunos gestos venidos desde la Casa Real que han contribuido a reflotar un poco la alicaída imagen de la Monarquía entre la población. No obstante, cabe preguntarse qué otra cosa podía hacer un monarca que carece de la legitimidad de su predecesor (conseguida por el casi mítico relato que nos han vendido de su papel en la sacrosanta Transición y el 23-F) y con la pesada herencia del escándalo Noos.

            Dicho eso, y por mucho que la actual “ley Mordaza” nos quiera devolver a tiempos pretéritos, que ninguno de los muchos tiralevitas y pelotas cortesanos que pululan por la “piel de toro” se engañe en lo más mínimo: más temprano que tarde, el pueblo español (depositario de la soberanía nacional, recordémoslo por enésima vez) tendrá que decidir sobre su modelo de Estado, República o Monarquía. Ahora, sin los “especiales” condicionantes (ruido de sables incluido) del convulso periodo de 1975-1978. La sociedad española actual ya no es aquella que, esclerotizada por el miedo, salía de casi 40 años de dictadura. En líneas generales, la crisis iniciada en 2008 la ha hecho madurar, estar mejor informada, tomar conciencia y aprender algunas lecciones.

            No será fácil, desde luego. Pero se hará. Para ello habrá que ir abriendo cada uno de los “siete candados” con los que torticeramente se ha blindado a nuestra Constitución para que ésta sea (y esto resulta triste decirlo) la tapadera/coartada de un régimen oligárquico, corrupto y de ínfima calidad democrática. Por cierto, una Constitución que, cuando así ha interesado, se modificó en su artículo 135 con alevosía, nocturnidad, premeditación por el PSOE/PP para priorizar el pago de la (a todas luces, impagable) deuda sobre derechos sociales fundamentales como educación, sanidad, vivienda o pensiones, convirtiéndola de facto en papel mojado…

            En lo que a mí respecta, lo tengo bastante claro: cuando vea que se cambia la frase utilizada en la fórmula de investidura de nuestros representantes políticos que reza “con lealtad al Rey” por la de “con lealtad al pueblo”, empezaré a pensar que estamos en el buen camino para que este país sea mucho más democrático.

                                                                                               RICARDO HERRERAS  



No hay comentarios:

Publicar un comentario