jueves, 27 de agosto de 2015

Europe's living a celebration. Una crisis humanitaria de proporciones bíblicas para nutrir empresas y burdeles.







Ricardo Herreras Santamarta/


           EUROPE´S LIVING A CELEBRATION
Lo de desestabilizar naciones, montar guerras neocoloniales disfrazadas de acciones humanitarias y generar espacios de caos - Afganistán, Irak, Libia, Siria - con el pretexto de llevar la democracia, el Estado de derecho y las libertades allende los mares (en una tan abyecta como injustificable instrumentalización de nuestros valores más preciados y perennes como civilización occidental) pues algún día nos tenía que estallar en las mismísimas pelotas. Máxime cuando, como se ve, lo de levantar vallas o recurrir a las soluciones policiales y a las ONGs para nada está sirviendo.
Porque lo que está ocurriendo ahora mismo en Calais, los Balcanes, Grecia, etc., para designar a los más de 100.000 refugiados que han llegado (siguen llegando y más que van a llegar) en tromba solo el último mes a Europa (300.000 desde enero) ya no es una crisis migratoria, es una crisis humanitaria de proporciones bíblicas. Porque esos desesperados que se agolpan en gigantescas avalanchas violentamente reprimidas no son “emigrantes forzosos”, son refugiados que no huyen exactamente de sus precarias condiciones de vida, huyen de la muerte y la destrucción. Como tampoco huyen de sus propios países, huyen de las guerras que consentimos/alentamos en sus países (lo cual es muy diferente) por mor de indisimulados juegos geoestratégicos de salón y para que las todopoderosas multinacionales hagan el agosto.
Y claro, ahora que el “marrón” empieza a venírsele encima a los top, a Inglaterra (siempre amparada por su “esplendido aislamiento”: es lo que tiene que tantos hablen la lengua de los hijos de la Gran Bretaña), la ordenada Alemania y los muy asépticos países nórdicos (veremos si con tanto “emigrante forzoso” en las clases o centros de salud mantienen como hasta ahora los elevados niveles de calidad de los mismos), acostumbrados además que hasta la fecha sean la castigada España e Italia quienes hagan el trabajo sucio en Ceuta, Melilla o Lampedusa, todo el mundo empieza a ponerse muy, pero que muy nervioso, pasándose la “patata caliente” de unos a otros amén que dejando al descubierto un impresentable discurso xenófobo.
La enésima muestra de que la Unión Europea - tras el buenrrollismo, las sonrisas enlatadas, las palmaditas en la espalda y el chalaneo de las reuniones del Consejo de Europa; tras la burocracia de Bruselas, los descerebrados estudiantes Erasmus, el casposo festival de Eurovisión y la ya cansina (a este paso la van a hacer odiosa) Novena Sinfonía de Bethoveen - solo es un cascarón hueco que encubre el gran negocio de quienes en la sombra manejan de verdad el cotarro. Pero después de ahogar la “primavera griega” sin necesidad de recurrir a los tanques y convertir de facto al país heleno en un protectorado financiero alemán...ya muy poco se puede esperar. Quizás este sea el castigo a tanta soberbia, hipocresía, insolidaridad y estupidez. Aunque mucho me temo que, rizando el rizo de la infamia, esos refugiados están condenados a ser el nuevo y lucrativo “filón/nicho económico” (¡qué sarcasmo!) para no pocos desaprensivos hijos de puta, empezando por los traficantes encargados de nutrir de mercancía humana nuestros empleos basura o nuestros ya atestados burdeles.
                                                                                                  RICARDO HERRERAS 


 

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