lunes, 31 de agosto de 2015

La patronal española. ¿Es la Confederación Española de Organizaciones Empresariales CEOE, una organización de cuatreros bien vestidos?.








Ricardo Herreras Santamarta/


                      LA PATRONAL ESPAÑOLA Y EL BANQUERO DE “LA DILIGENCIA”

Hace algún tiempo un tal José de la Cavada -alto dirigente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales, la inefable CEOE- se vino arriba y sin ningún complejo criticó los cuatro días de permiso que el Estatu­to de los Trabajadores todavía otorga por el fallecimiento de un familiar de primer grado cuando se hace necesario pernoctar, por­que según él “los viajes ya no se hacen en diligencia” (sic).

En este país estamos ya acostumbrados a las muchas boutades, ocurrencias y falta de respeto por parte de los autoproclamados y muy bien pagados voceros del, en líneas generales, impresentable empresariado español. Pero en aquel momento me acordé -me imagino que como mucha gente- del legendario film de John Ford de igual título dirigido en el ya lejano 1939, momento en que los USA estaban saliendo del túnel de la Gran Depresión iniciada diez años. Mas allá de un excelente western protagonizado por un reparto soberbio, “La Diligencia” reflexionaba sobre valores como la amistad o el heroísmo, para acabar erigiéndose en una historia moral sobre la hipocresía, pues eran finalmente los outsiders (el forajido proscrito en busca de venganza, la prostituta de buen corazón, el tahúr sureño con modales caballerescos y el médico borrachín) los que verdaderamente daban muestras de compañerismo, coraje, sacrificio y solidaridad mientras sufrían el desprecio de quienes representaban a la sociedad bienpensante, la estirada mujer del militar, el pusilánime comerciante y el estúpido banquero.

Precisamente en boca de este último, para más INRI un ladrón engreído, mezquino y miserable, se ponía un diálogo de gran vigencia, pues muy bien lo podría haber dicho hoy Donald Trump (“alias Tío Gilito”), el ultrarreaccionario aspirante a candidato por el partido republicano a la Casa Blanca: “No sé adónde vamos a ir a parar. Este gobierno, en vez de proteger a los hombres de negocios, mete la nariz en los mismos. ¡Pero si se habla ya de poner inspectores en los bancos! ¡Como si los banqueros no supiéramos dirigir nuestros bancos! Lo que es bueno para los bancos es bueno para el país. Lo que realmente necesitamos es un presidente que sea un buen empresario”. ¡Toma ya! Y es que el bueno de John Ford (no precisamente un bolchevique en lo ideológico, que no se asuste la caverna adicta al tea party y los chulos de algarada neocons) hilaba muy, pero que muy fino, pues a nadie escapaba entonces quiénes habían sido los principales culpables del catastrófico crack bursátil de 1929...

La única diferencia es que en aquella época los gobiernos -aplicando medidas económicas keynesianas con el New Deal de Roosevelt primero y el Welfare State después- SÍ que tuvieron el valor de controlar las actividades especulativas de los tiburones financieros y de repartir la riqueza más equitativamente entre el pueblo, dando lugar al período más próspero y estable del capitalismo, ese que va de 1945 a 1975, no en vano cuando éste por naturaleza modelo explotador e injusto estuvo sometido a eficaces medidas de control. En cualquier caso, no deja de ser curioso que desde la mafiosa, insolidaria y corrupta Patronal hispana se mencionara entonces la “diligencia”, palabra que nos retrotrae de inmediato a una mítica película donde un tan pomposo como ridículo banquero quedaba a los pies de los caballos (nunca mejor dicho, tratándose de un western) ante los ojos de todo el mundo. ¿Sería un simple lapsus o al ínclito Cavada le traicionó aquél día el subconsciente?


                                                                                                    RICARDO HERRERAS



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