domingo, 13 de septiembre de 2015

Las masivas oleadas de refugiados. Llegan las consecuencias del neoliberalismo a Europa.








Ricardo Herreras Santamarta/


CUOTAS

Lo de levantar más vallas, destinar más policías, recurrir a las inefables ONGs o repartir a los refugiados como si fuese una subasta entre los diferentes países de la UE a fin de resolver la hecatombe humanitaria que se está produciendo ante nuestras mismas narices suena tan absurdo como si, para cazar osos, se montaran trampas para conejos. O viceversa.

Habrá que volver a repetirlo por enésima vez, a ver si los politicastros que nos (mal)gobiernan se enteran: las masivas oleadas de refugiados (que no emigrantes) llegadas a las costas europeas son una consecuencia directa de las sistemáticas campañas de agresión de nuestros gobiernos allende los mares, las cuales, bajo convenientemente encubiertas “acciones humanitarias”, han perseguido durante décadas el lucro único y exclusivo de las grandes corporaciones. Y eso, aunque ello supusiese financiar o armar a los ahora descontrolados extremistas religiosos para luchar primero contra la URSS en Afganistán, después contra Rusia en Chechenia y finalmente para quitarse de encima los molestos regímenes de Irak, Libia y Siria amén de torpedear a Irán. 

El caso es que se ha convertido la vida de millones de personas en un auténtico infierno por mor de satisfacer bastardos intereses y ahora queremos que se estén quietecitas allí y no vengan acá a molestarnos. Pues va a ser que no. El que siembra vientos, recoge tempestades. Dicho de otra forma, cuando se escupe hacia arriba, te acaba cayendo encima. Solo es cuestión de tiempo. Y ese momento ha llegado. Muchos desde sus confortables sillones pensaban que no llegaría nunca, pero... las consecuencias de nuestras acciones y la realidad siempre nos acaban alcanzando.

El colonialismo, la rigidez del “patrón oro” y el liberalismo económico a ultranza de principios del siglo XX ya condujo, en una espiral irrefrenable, al crack bursátil de 1929, a la Gran Depresión de los años 30', al surgimiento del fascismo/nazismo y a la Segunda Guerra Mundial. En los albores del siglo XXI, el neoliberalismo parece seguir camino análogo. Pero nada parece haberse aprendido de las lecciones de la Historia ni nadie parece haber tomado nota de las mismas con el fin de evitar caer en los errores (por denominarlos de una forma suave) pasados, unos errores que se están repitiendo hoy cual guión diabólico del “Día de la marmota”.

Claro que, ahora que todo el mundo se ha quitado la careta -con Alemania haciendo de Grecia un gigantesco campo concentracionario a base de austeridad o Cameron “marcando paquete” con su discurso abiertamente xenófobo- del buenismo, ahora que cada uno va a lo suyo y ahora que los desbordados países “top” (la misma Alemania, Inglaterra, Suecia, etc.) se acuerdan de que el Sur europeo también existe además de para exprimirlo y humillarlo por sistema, aunque solo sea para que (amén de ser sus camareros a tiempo parcial) ejerzamos de policía de fronteras y acojamos cuotas de refugiados no sea que éstos saturen Unter der Linden y Trafalgar Square Garden... sería este un buen momento para desde aquí hacer la vista gorda y dejar que los “ricos” del Centro y Norte se las compongan como puedan.

 Sí, en mala hora le temblaron las piernas a Tsipras aceptando el trágala germano so pena de que le descapitalizaran el país. Podía haber aguantado un poquito más en la mesa de negociaciones y ahora fletar él mismo los trenes (bocadillo y agua incluido) cargados de refugiados camino del IV Reich y que al arrogante Schäuble se le pusieran de corbata. ¡Hala, qué viva el cinismo! ¿O no, Merkel?

           RICARDO HERRERAS



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