viernes, 18 de septiembre de 2015

Periodostas o mamporreros. Ricardo Herreras valora el proceso de degradación y servilismo en el que se ven inmersos los periodistas de los mass media.







Ricardo Herreras Santamarta/



¿PERIODISTAS O MAMPORREROS?

Corría el año 2004 cuando en los más de 200 medios de comunicación (entre periódicos, cadenas de radio y televisión) controlados por el entonces ubicuo Rupert Murdoch no hubo ni UNO SOLO de sus miles de “profesionales” en plantilla con los redaños suficientes de criticar abiertamente la guerra auspiciada por los “3 de las Azores”. Un ejemplo escandaloso y reciente en el tiempo acerca de la falacia de la libertad de prensa de la que tanto se presume en Occidente. Porque la primera pregunta que debería hacerse cualquiera cuando oye a un contertulio opinar o cuando lee el artículo del columnista de turno es “¿y a éste quién le paga?”.

Por otro lado, desde que se implantaron las Escuelas de Periodismo (sic), con sus inodoros, incoloros e insaboros libros de estilo inspirados en la corrección política y sus hornadas de asépticos, dóciles y clónicos alumnos (nada que ver desde luego con los viejos “periodistas de raza”, aquellos que aprendían el oficio pateándose la calle) con menos espíritu crítico e iniciativa que un cerdo en agosto, y desde que la noticia fue que “el hombre mordiera al perro” y no al revés, todo a ido de mal en peor en tan controvertida profesión.

Sí, es cierto, pocos oficios hoy día tan precarizados como éste, con sus miles de becarios en prácticas, contratos basura, horarios extenuantes pagados a sueldo de miseria y unas condiciones que en líneas generales penalizan cualquier atisbo de carácter, personalidad, rebeldía, criterio propio o desmarque de la línea oficial. Como también es cierto que eso de investigar para llegar a la verdad resulta algo duro, las más de las veces peligroso y siempre ingrato, pues el camino que conduce a ésta suele estar preñado de trabas y finaliza envuelto en mierda. Por supuesto, resulta mucho más sencillo y cómodo hacerle la rosca al director, escribir al dictado del redactor jefe, ser un instrumento de la propaganda de turno y pasarse el día pegado al ordenador transcribiendo/traduciendo teletipos cual autómata sin contrastar absolutamente nada.

Pero hombre, me imagino que en medio de las preocupaciones de llegar a fin de mes, pagar el alquiler, comprarse algún trapito o planificar con el poco dinero sobrante escapadas low coast para presumir de cosmopolitismo ante los “compis” de la oficina, la cosa esa que llaman conciencia deba asomar en algún momento en la vida de los que deberían desempeñar ese papel tan necesario para la sociedad como incómodo para el poder que es el de INFORMAR. Y no hablo tanto de objetividad, cuestión polémica y espinosa donde las haya. Hablo de honestidad profesional y de respeto por la inteligencia de la gente.

Todo esto viene al hilo de la miserable “reportera” húngara que trabajaba para un medio de extrema derecha de su país, con esa imagen que ha dado la vuelta al mundo de la susodicha (quizás por aquello de identificarse al máximo con el ideario ultra de sus jefes, quizás viniéndose arriba por la “emoción” de ver a los “maderos” magiares repartiendo hostias a diestro y siniestro) dando patadas y poniendo la zancadilla a los refugiados sirios que intentaban huir del cerco de la policía. Una actuación execrable y del todo injustificable, claro, pero que a fin de cuentas no deja de ser la degradada culminación de un proceso de servilismo y abyección que se lleva cociendo años dentro de las cocinas de los mass media.

Que nadie se engañe: en el fondo la tipeja de marras solo ha llevado hasta las últimas consecuencias de la infamia lo que aquí, sin ir más lejos, ya puso en práctica el ínclito Alfredo Urdaci (sí, el de “ce ce o o”) y continúan haciendo Marhuenda (quien lo único que le falta ya es hacer una felación a cuatro patas a Rajoy), Inda (si un día me dicen que le ha pinchado las cuatro ruedas al coche de Pablo Iglesias, me lo creería), los de la 13 TV e Intereconomía (agitando un día sí y otro también el fantasma del guerracivilismo) o el periodismo deportivo forofo made in Tomás Roncero/Carme Barceló (a quienes no tardaremos en ver poniéndole la zancadilla a Messi y/o escupiendo a Cristiano). Tal cual.


RICARDO HERRERAS



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