domingo, 4 de octubre de 2015

27-S, las elecciones catalanas después de la resaca electoral de esta semana. Golpe a golpe, verso a verso.







Ricardo Herreras Santamarta/


                                                                        27-S

Ha pasado una semana de resaca electoral, donde como es habitual por
aquí todo el mundo sigue diciendo que ha ganado y donde lo cierto es
que, a pesar de la incomprensible euforia dominguera - los de Tots Pel
Sí parecía que habían ganado un Mundial de fútbol y los de Ciudadanos
una convención de Microsoft - de algunos, nos encontramos casi en el
mismo punto de partida.

Lo que pueda ocurrir a partir de ahora, creo que nadie lo sabe a
ciencia cierta, dado el complejo puzzle en que se ha convertido el
tablero catalán. Una sola cosa sí parece clara: Artur Mas y Mariano
Rajoy continúan con su irresponsable política de “choque de trenes”. Y
ello a pesar de que son los grandes responsables políticos de un
problema que amenaza con enquistarse de forma gravísima amén de ser
los grandes perdedores del 27-S, pues los resultados obtenidos por los
dos en las Catalanas no les legitiman ni lo más mínimo para abanderar
proyectos de envergadura de cara al futuro, tanto a nivel autonómico
como nacional, y mucho menos para encontrar una salida a la endiablada
ratonera en la que ambos nos han metido. Desde luego, no los
legitimarían en un país normal...




El primero porque, en su descabellada huída personal hacia delante, se
ha  escondido bajo unas siglas unitarias con su eterno contrincante
republicano de ERC, ha forzado el discurso plebiscitario sin obtener
los votos suficientes para ello, dejándose además unos cuantos escaños
por el camino y dependiendo de cara al futuro del apoyo contranatura
de la exitosa CUP. El segundo porque su tozudo inmovilismo, sus
ridículas apariciones catódicas y, sobre todo, su patético discurso
del miedo (desde luego, si en algún momento los independentistas
catalanes lograran su objetivo, le tendrán que poner una estatua en
Canaletas) le ha llevado a pegarse un batacazo morrocotudo de cara a
las generales, robándole Ciudadanos (la actual apuesta de la CEOE y
del IBEX- 35 para, mediante aquello de “cambiarlo todo para que nada
cambie”, lograr la supervivencia del agónico Régimen del 78) la
friolera de 200.000 votos.

Lo cual no deja de ser curioso, porque tanto CIU como el PP son dos
partidos furibundamente neoliberales, otrora aliados (la terna la
completaría el PSOE, en lenta caída a costa en buena medida de los
exabruptos de Felipe González alias “el trolas”, Bono e Ybarra) en
tareas de gobierno, corruptos (ahí está la Gurtel y el “3%”) hasta la
médula, partidarios entusiastas de las oligarquías financieras en su
afán por explotar a la clases trabajadoras y obedientes como ninguno
en aplicar los recortes sociales más duros a las órdenes de la Troika.
Sí, dos partidos a los que les importa un bledo Cataluña y España más
allá de su saqueo sistemático de fondos con destino a Andorra y/o
Suiza.

En cuanto a Podemos, su segundo resultado decepcionante después de las
andaluzas debería mover a la reflexión. Es verdad que es
complicadísimo articular un discurso unitario en un país tan
desquiciado como este, que la polarización de patrioterismo de unos y
otros ha tapado el discurso social o que el posibilismo (por no decir
claudicación) de Tsipras en Grecia no les beneficia nada. Pero ya va
siendo hora de dejar a un lado calculadas ambigüedades en pos del
centrismo o ese “lenguaje Manitú” que no entendería ni el mítico
guerrero piel roja Gerónimo y hablar alto y claro como ha hecho, sin
ir más lejos, la CUP.

Porque la resolución de la gravísima crisis política y social que
atravesamos pasa por colocar en primer plano la lucha de las clases
populares de TODA España en contra de las antipatrióticas oligarquías
financieras y apostar sin ambages por la creación de una República
democrática y federal como alternativa a los dos nacionalismos, aunque
ello implique también el reconocimiento del derecho de
autodeterminación en un momento dado. Que nadie se engañe: el
conflicto no es entre Cataluña y España, sino entre clase trabajadora
y burguesía. Unas burguesías, catalana y española, que utilizan las
banderas como fuego de artificio para enfrentarnos cainitamente por
enésima vez en nuestra trágica historia y para ocultar los verdaderos
problemas de la gente: los brutales recortes sociales, la
precarización a todos los niveles de vida, las leyes austericidas
impuestas por la UE, el expolio fiscal, la corrupción endémica, etc.,
etc.


                                                        RICARDO HERRERAS




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