martes, 13 de octubre de 2015

La Marca España del AVE: más del 53% de los que acuden a Cáritas tienen un miembro familiar con trabajo.








Ricardo Herreras Santamarta/

                                                     CARA Y CRUZ DE LA MARCA ESPAÑA

Bueno, pues ya tenemos el controvertido AVE en León desde el pasado 29 de septiembre, día en el que asistimos a esas sempiternas fotos de rigor de toda inauguración en las que la casta más figurona y algún que otro abrazafarolas se da de codazos por aparecer.

Hasta el momento, la construcción de los más de 2.500 kilómetros de vías de alta capacidad, la compra de unas 200 unidades del tren veloz a Francia amén de maquinaria a Alemania (tuneladoras y demás) han costado 34.000 millones de euros a las arcas públicas, tal vez la mayor inversión en infraestructuras del 78 acá. Es verdad que durante los tiempos de la "burbuja" utilizar estos trenes constituía un signo de prestigio social y el elevadísimo precio de sus billetes se convirtió casi en un aliciente por aquello de presumir de nuevo rico y de "modernez". Pero desde hace más de un lustro, los datos estadísticos ponen de manifiesto su inequívoco caracter deficitario y cuestionan su buenista propósito de "vertebrar el territorio nacional" con tanta estación fantasma como hay por ahí, máxime cuando se han aparcado proyectos mucho más perentorios.

Desde luego, cabe preguntarse cómo es posible que España posea la 2ª red ferroviaria de alta velocidad pública más larga (sólo superada por la de la China, nada menos) amén de la más cara del mundo, cuando solo tenemos el 40% de la densidad de población de Alemania y una renta por cápita en un 20% inferior a la de nuestros vecinos franceses e italianos. Pero en el momento en el que viajar en AVE es practicamente prohibitivo para la maltrecha clase media española de hoy día, la pregunta se responde por sí sola.

Sí, es cierto, el AVE es un lujo unicamente al alcance de la beautiful people y una bomba de relojería para el presupuesto público, pero un lucrativo (recalificaciones de terrenos, mordidas y favores debidos a empresas incluídos) negocio para políticos y constructores. Lo aliñen como lo aliñen algunos, con patatas de primera o ternera gallega.





Quizás por eso, porque la cruda realidad no puede taparse con fuegos de artificio, solo una semana después de tan "magno" acontecimiento de la "Marca España" llegó el jarro de agua fría, pues resulta que "tener un trabajo no implica dejar de ser pobre". Así lo advirtió Cáritas en la presentación el lunes día 5 de octubre de su informe anual, donde se concluye (entre otros datos escalofriantes) que más del 53% de las personas que acuden en busca de ayuda a dicha organización -¿ultrarrevolucionaria, radical, antisistema y filobolchevique?- vive en un hogar en el que al menos uno de sus miembros tiene trabajo. Blanco y en botella.

Pero todo eso, ¿qué le importa al gobierno de turno? En las cifras macroeconómicas ya no figuran como parados, que era de lo que se trataba. ¿Que un porcentaje altísimo de gente con empleo aquí no puede vivir con estos sueldos miserables? Eso da igual: los bancos y las grandes empresas ganan cada vez más y, por tanto, la economía va bien... ¡Y encima tenemos una línea de AVE más!

A decir verdad, tener trabajo lo único que te garantiza en este extraño país es estar explotado, carecer de dignidad y encima soportar que los principales responsables de ello vuelvan a pedirte el voto porque, ahora sí, lo van a hacer de puta madre y además bailan en la TV por aquello de mostrarse cercanos y enrrollados.

                                                                             ¡Anda e iros a paseo!


                                                                                                                         RICARDO HERRERAS


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