martes, 24 de noviembre de 2015

Cuando el petit Nicolás Sarkozy gobernaba Francia. Ricardo Herreras hace balance de su política errática y perniciosa.







Ricardo Herreras Santamarta/



QUO VADIS, FRANCE?

Tras los buenos propósitos iniciales, vuelta a la cruda realidad. Esto es, comprobar como el poder económico y político va a lo suyo única y exclusivamente jugando con el miedo y la desmemoria de la gente. Así, el ex presidente francés y futuro nuevo/viejo candidato de la UMP Nicolás Sarkozy ha vuelto a sacar la lengua a paseo. Quien dijera en el 2008 cuando Lehman Brothers pegó el petardazo que había que “refundar el capitalismo sobre bases éticas, las del esfuerzo y el trabajo, las de la responsabilidad” (sic) va y exige ahora endurecer la política migratoria (tiene guasa que esto lo diga un hijo de emigrantes húngaros) y dar un “giro de 180 grados en la política exterior” de nuestro país vecino.

Resulta lamentable y bochornoso que un país como Francia -¡si el viejo y orgulloso general De Gaulle levantara la cabeza!- haya podido tener alguna vez un presidente tan pelele, cínico y desvergonzado como este pequeño fanfarrón con síndrome de hiperactividad (siempre de acá para allá, pero nunca resolviendo nada), adicto al papel couché, a los escándalos de corrupción y con complejo de superman. Porque si alguien ha torcido de verdad la tradicional política exterior gala (encaminada a ejercer de contrapeso entre las indisimuladas pretensiones de la Casa Blanca por convertir a Europa Occidental en una provincia norteamericana más y las irrefrenables ambiciones germanas de imponernos a todos su diktat) ha sido precisamente él, con su servilismo a Merkel, seguidismo al Pentágono y no condena de los crímenes israelíes en Gaza. Todo ello a cambio de sembrar cizaña en Ucrania con el consiguiente y nefasto distanciamiento de Rusia (el único país que de verdad está combatiendo al Daesh) y de aventurillas neocoloniales en Libia (bombardeando a su ex amigote Gaddafi, ese que le pagó la campaña electoral: con amigos así…), en el África subsahariana y en Siria que han terminado fatal.

Una política errática y perniciosa que su sucesor, el (pseudo)socialista Hollande no ha querido reconducir y que lleva camino de parecerse demasiado a la de Bush junior, amén de provocar la peligrosa paradoja que hoy los valores republicanos sean enarbolados por la extrema derecha de Marine Le Pen. Sí, por mucho que a un montón de gente le de ahora por cantar a grito pelado un himno tan simbólico, significativo y decididamente hermoso para con el devenir de las libertades en Europa desde aquella Revolución de 1789 como es La Marsellesa... ¡Quién te ha visto y quién te ve Francia!


                                                                                               RICARDO HERRERAS



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