viernes, 6 de noviembre de 2015

Gustavo Puente Feliz. Adioses entrañables al decano de Filosofía y Letras de la Universidad de León.







Ricardo Herreras Santamarta/

                               ADIOSES

                                              A MJCG

El pasado domingo 25 de octubre por la tarde me daban la luctuosa noticia: el que fuera durante años Decano de Filosofía y Letras aquí en la ULE, Gustavo Puente Feliz, moría esa misma mañana. Al parecer, de un cáncer de pulmón.

            De inmediato pensé en aquella bulliciosa Facultad de los 90´ -en ese aspecto concreto, poco que ver con el desangelado High School casi copado por estúpidos y desaprensivos Erasmus, botellón incluido (sí, el proceso de "litronización nacional" también ha llegado a los campus universitarios), en que se ha convertido en la actualidad- donde se podía fumar y donde el susodicho, además, lo hacía incluso en clase, especialmente cuando el "sector crítico" (ja, ja, ja) de la clase le hacíamos enfadar llevándole la contraria en los muchos debates que teníamos.

Para el recuerdo quedarán sus interminables giras latinoamericanas
(especialmente por Brasil, país del que parecía estar enamorado), un rocambolesco
viaje a la URSS de la incipiente Perestroika (bostezando en el Bolshoi, criticando cualquier cosa que oliera a “socialismo real” y, según me contaron mis amigos de Voronezh, persiguiendo a cuanta rusa guapa se le ponía a tiro) con el pro-soviético y antagónico Vecín, algunas “perlas” memorables (un colega estos días me recordó una de ellas: “La primera clase no se da y la última se perdona”; la ironía estaba en que precisamente él dijese esa conocida sentencia académica, que se pasaba medio curso en paradero desconocido saltándose bastantes más) o las acaloradas discusiones en su asignatura “Historia Social y Económica de la Edad Contemporánea” (donde defendía con argumentos propios de sofista los sacrosantos postulados del régimen del 78´, el neoliberalismo y el euro: ¿qué habría dicho hoy con el cuasi colapso de los mismos?).

Con todo, su indolencia, oportunismo y talante bont vivant (de ahí el dicho generalizado entonces: “Vives mejor que el Decano”) no resultaban ofensivos. Al contrario: ¿cómo te iba a caer mal un tipo que lo mismo te saludaba por los pasillos al estilo treaki y te soltaba ufano “Sé feliz” (sic) que se prestaba a un fotomontaje en un fanzine ataviado con ropas del siglo XVIII bajo la divisa de la Orden de la Jarretera Honi soit qui mal y pense? Sí, es verdad, no era mala persona. Favorecía el debate en las clases (hoy, algo muy raro de ver), no llevaba las cosas al terreno personal (después de la guerra que le dimos, nos puso sobresaliente) y su acusada retranca y/o poses cercanas al cinismo escondían un fondo de cierta ternura. Hasta el punto que, con la madurez que te otorga el paso del tiempo, pienso que no habría estado mal salir un día de copas con él por el Barrio Húmedo dejando que se explayara a gusto con sus batallitas.

Y es que, en última estancia, su figura está asociada (al menos para mí) a una
época universitaria pretérita no mejor -la Universidad siempre ha sido, en esencia y salvo honorables excepciones, un antro endogámico de pensamiento encapsulado, egos monstruosos, puñaladas traperas, profesores pagados de sí mismos y alumnos pelotas de escaso espíritu crítico e indisimulado seguidismo con el discurso oficial- que la actual, pero donde algunos éramos todavía unos ingenuos idealistas a los que el escepticismo, el pesimismo y el desencanto no habían ganado. Es lo que debía tener ser joven, supongo, y no haberte enfrentado aún a la cruda realidad de este extraño e ingrato país solo apto para mediocres, enchufados, meapilas y lameculos llamado España.

                                                     Descanse en paz.

RICARDO HERRERAS



1 comentario:

  1. Creo que se debería recordarle más idealizado y no en tantos detalles conconcretos.estamos hablando de la universidad.era muy buen profesor.y hacia alegres sus clases y cuando te saludaba.siento su pérdida. Y estoy de acuerdo en aquel modelo de facultad de los noventa.algun día aquella universidad resurgirá. ?gracias Ricardo por tus palabras y tus recuerdos compartidos.

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