sábado, 19 de diciembre de 2015

Adiós a la burbuja inmobiliaria. Un corazón de cemento descrito por Ricardo Herreras.







Ricardo Herreras Santamarta/


                                                           CORAZÓN DE CEMENTO    
     
Seguramente el atentado más visible al entorno urbano que nos deja la brutal crisis económica sea el causado por la llamada “burbuja inmobiliaria”, rapaz alianza entre políticos corruptos y empresarios sin escrúpulos entregados a un vil saqueo -recalificación de terrenos y mordidas varias mediante- cuyos daños colaterales a la belleza del paisaje se han traducido en los ubicuos esqueletos de hormigón brotados “de espaldas al suelo” (Orquesta Mondragón dixit) y surcados por abruptos vómitos de asfalto que jalonan la castigadísima “piel de toro”.

En León ciudad tenemos nuestra particular dosis de este desolador paisaje después de la frenética batalla especuladora desatada en España durante los tiempos finiseculares. Es el caso del tristemente famoso "Polígono de La Lastra", llamado en su día a ser el non plus ultra de todas las construcciones provinciales y, tras la “espantada”de la entonces todopoderosa BEGAR, hoy convertido en una espectral y desangelada urbanización de ínfulas pudientes en la que en verdad muy pocos pisos están habitados y no muchos más terminados.

Pues bien, en medio de esa pesadillesca geografía de bloques a medio construir, casetas de inmobiliarias desvencijadas, paredes agrietadas, fachadas descascarilladas, andamios oxidados, hileras enteras de árboles secos, papeleras sin limpiar, contenedores cual barcos a la deriva, algún que otro montón de escombrose incontables materiales de construcción de ínfima calidad esparcidos por el suelo y devorados por la maleza nos encontramos con un conjunto escultórico tan notable como poco conocido aquí: “Los Cuatro Elementos”,una representación del fuego, la tierra, el agua y el aire asociados a algunos de los réprobos (Prometeo, Sísifo o Ícaro) más conocidos de la antigüedad, utilizados por los clásicos para explicar las ambiciones, anhelos, miedos, limitaciones... y también soberbia y desmesura de los seres humanos. 

Y algo todavía más curioso: la obra en cuestión de Esperanza D´Ors fue auspiciada por la ínclita Cámara de Comercio e Industria de León. ¿No les parece irónico todo? Aunque ya no sé si decir sarcástico…
                                               

                                                                                                         RICARDO HERRERAS



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