jueves, 10 de diciembre de 2015

De la clara victoria de Pablo Iglesias en el debate, al espantajo venezolano de Felipe González.




El anciano ex dirigente socialista es un fiel reflejo de la decrepitud de su partido.


Ricardo Herreras Santamarta/


                                                    EL ESPANTAJO VENEZOLANO
 
Apenas pasaban unas horas del debate electoral “a cuatro” del lunes marcado por una Soraya incapaz de superar la ausencia de Rajoy, el nerviosismo de Rivera, la impotencia del candidato socialista y la clara victoria de Pablo Iglesias, cuando los tiranosaurios del PSOE salían a la palestra en un desesperado intento por “salvar al soldado Sánchez”. Entre esas viejas glorias/momias estaba cómo no el ex presidente González, quien a su más puro estilo y después de ponerse la medalla de la victoria (algo extraño, si tenemos en cuenta que huyó de allí como un conejo cuando Maduro le amenazó con sacar a la luz documentos comprometedores de sus muy turbios negocios por Latinoamérica) de la oposición en Venezuela, entraba al bajo vientre de Podemos acusando a sus líderes por enésima vez de cobrar del gobierno chavista (esto dicho por quien ha asesorado y no precisamente gratis a sujetos tan “honorables” como Carlos Andrés Pérez, Bettino Craxi, Gustavo Cisneros o Carlos Slim).

A estas alturas de la película, si alguien quiere saber por qué el PSOE -otrora pilar del Régimen del 78´ y hoy paradójicamente convertido casi en un pesado lastre para el mismo- está como está, solo tiene que echar un vistazo a los muy resentidos Cristina Alberdi, Joaquín Leguina, José Luis Corcuera, Rodríguez Ibarra o a este farsante ya ñoño, caduco y desquiciado por los efectos de tanta vuelta por las puertas giratorias llamado Felipe González Márquez alias “el trolas”. 

En lo que se refiere a la lejana Venezuela, pues sí, dista de ser una democracia ejemplar, lo mismo que Colombia, México o El Salvador, países también preñados de pobreza, violencia y corrupción que curiosamente no ocupan todos los días tres minutos enteros en nuestros informativos. Eso sí, quizás González (y El País, Marhuenda, Inda, etc., etc.) se dignen a explicar ahora como un supuesto dictador puede perder unas elecciones. Y quizás también todos ellos, en un alarde de valentía, decidan prolongar su cruzada por las libertades y derechos humanos (ja, ja, ja) a Marruecos, Turquía, Arabia Saudí, Emiratos, Qatar, Mauritania o Guinea Ecuatorial.


Felipe Gónzalez, Guerra y Boyer en 1977, durante su visita a la URSS. Por entonces se mostraban como políticos firmemente asentados en la izquierda.

Digámoslo alto y claro: el errático Maduro y los suyos han perdido -amén de la clarísima guerra económica (quién sabe, quizás ahora empiecen a aparecer los alimentos por arte de birlibirloque, como ocurrió en Chile después del golpe de Pinochet) orquestada entre bambalinas por la oligarquía,la caída en picado de los precios del crudo (a lo mejor ahora también USA y su fiel aliado Arabia Saudí, en su indisimulada guerra económica contra los BRICS, aflojen un poco y se decidan a subir los precios) einflación en torno al 200%que han sufrido- principalmente por su propia ineptitud para atajar la corrupción y violencia que asola el país, por su propia torpeza a la hora de gestionar el abastecimiento de productos básicos entre la población y por su propia incapacidad para generar una alternativa económica a la dependencia petrolera, dilapidando en un tiempo récord los aspectos más positivos de la herencia de Hugo Chávez. 

En ese sentido, el resultado expresado por la soberana población venezolana en las urnas ha sido rotundo e inequívoco. Por cierto, el mismo resultado rotundo e inequívoco que en todas las anteriores convocatorias electorales celebradas allí y supervisadas/validadas igualmente por miles de observadores internacionales y nunca reconocido por una oposición que está por ver si deja por fin de lado el golpismo/revanchismo que siempre la ha caracterizado absteniéndose de emprender una contrarrevolución que entregue de nuevo el país caribeño a la voracidad de sus insaciables élites, como ocurría con anterioridad en las décadas de los 80´y los 90´...

Así las cosas, empieza a resultar harto cansino tapar todas los escándalos (tarjetas black, preferentes, Urdangarín, EREs) y vergüenzas (paro, desahucios, desigualdad) ocurridos en España en los últimos años o difamar a una formación política emergente agitando un día sí y otro también el espantajo de Venezuela. En cuanto a “el trolas”… en verdad que me aburre muchísimo volver a citar sus muchas traiciones, tropelías, mentiras y corruptelas, entre otras cosas, porque (salvo sus irredentos y trasnochados incondicionales) todo el mundo las conoce muy bien. Eso sí, a mí que nunca me ha obsesionado lo de cumplir años, reconozco que cada vez que veo, escucho o incluso leo a tan miserable, indigno e infame personaje, por unos instantes la sola idea de la vejez me produce escalofríos.

                                                                                   RICARDO HERRERAS


                                                          

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