domingo, 13 de diciembre de 2015

Españoles de clase media. Como dividir a la clase trabajadora en nuestros tiempos.







Ricardo Herreras Santamarta/


                                                                          CLASE MEDIA

La presencia hace unos días de Owen Jones en el programa “Salvados” explicando la estigmatización presente de la clase trabajadora a manos de unos acanallados mass media que ensalzan los “valores” del consumismo, el liderazgo, la competencia, el emprendimiento y el individualismo frente a la solidaridad, la conciencia de clase o la ética parece que sigue dando que hablar.

Alejado del postmodernismo inane de los Zizek y compañía, el jovencísimo y brillante escritor británico ha diseccionado en su ya obra de referencia “Chavs, la demonización de la clase obrera” (chav proviene de la palabra chavi cuyo significado es“niño” en romaní, el equivalente de los llamados en España de forma despectiva “canis”) la decadencia de la que en su día fue orgullosa y respetable clase trabajadora inglesa, primero demonizada por los conservadores desde los tiempos de la “Bruja de Hierro” Margaret Thatcher y después retratada//ridiculizada para solaz de la clasista burguesía british (no olvidemos que, al contrario que en una América donde la clase viene dictaminada por el dinero, en el Reino Unido depende más de la cuna y el acento) con esa imagen estereotipada de muchachos/as alcoholizados, ruidosos, maleducados, folloneros y vulgares con indumentaria de ropa deportiva de marca, gorras a cuadros y joyas de oro, que se pasan el día bebiendo cerveza y malcriando a un numeroso grupo de hijos en barrios de mala muerte. 



 Lo malo es que el fenómeno descrito por Owen se ha extendido “gracias” a la globalización y ya está aquí. Desde luego, en un contexto socioeconómico donde los trabajadores sufren brutales recortes en sus derechos y salarios, donde los ricos son cada vez más ricos y los pobres más pobres, donde para colmo abundan las series tipo “Aída” que dibujan a los “canis” como gentes animalizadas, sin preparación y holgazaneando a costa de los subsidios públicos, ¿quién querría definirse como un fracasado obrero o un hijo de tal? Desde luego, hay que reconocer que el neoliberalismo ha conseguido que nos creamos su milonga de que “si te va mal en la vida o no has triunfado en ella es porque no te has esforzado lo suficiente” (como si el poder adquisitivo y la clase a la que uno pertenece no tuvieran algo que ver también) o de que las gravísimas desigualdades sociales que padecemos se consideren un asunto meramente personal y no responsabilidad de quienes detentan el poder político/económico.


Así las cosas, lo mejor es considerarse a uno mismo como “clase media” o, en el colmo del esnobismo, “clase media alta”, un concepto creado en los hoy fenecidos y añorados tiempos del welfare state precisamente para dividir a la clase trabajadora, tan extendido como discutible, tan equívoco como en nuestros tiempos vacío de contenido, porque muchos de los que se consideran ahora mismo de esta forma bien podrían pasar de un día para otro de la estabilidad al escalón más bajo de la sociedad por mor del volátil mercado laboral. Y no precisamente en sentido metafórico. 

Digamos las cosas claras: la realidad es que sólo hay dos clases claramente definidas, los trabajadores (y para colmo, cada vez menos: el capitalismo financiero no los necesita) por un lado y los propietarios de los medios de producción por otro. Todo lo demás son jueguecitos florales.

                                                                            RICARDO HERRERAS


1 comentario:

  1. Recomiendo la lectura de la novela de Martin Amis que se titula Lionel Asbo.aqui se entenderá mejor lo que tu planteas.decia máx aub en el exilio que cualquier problema político tiene de base un problema cultural y moral.

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