lunes, 25 de enero de 2016

Davos o la desvergüenza del capitalismo. Ricardo Herreras analiza la inmoralidad de regocijarse con helicópteros privados, champagne, caviar, coca y furcias de alto copete.







Ricardo Herreras Santamarta/


   DAVOS O CUANDO EL CAPITALISMO SE DISFRAZA DE FILANTROPÍA

Se ha celebrado en estos días el famoso foro económico de Davos, algo así como la gran “eucaristía” del capitalismo, el cual reúne todos los años a los representantes de la banca internacional, las grandes corporaciones (multinacionales, trust y oligopolios varios), gobernantes y ex gobernantes, con la evanescente pija Christine Lagarde -cuya perenne sonrisa profidén y megachutes de rayos UVA apenas pueden disimular su rostro de halcón- al frente del sacrosanto FMI ejerciendo de gran maestra de ceremonias.

Todo ello en medio de la parafernalia que caracteriza a la semiótica del neoliberalismo: coches lujosos y helicópteros privados, acreditaciones, chapitas, teléfonos móviles de ultimísima generación, maletines de piel de cocodrilo, cámaras de seguridad a tuttiplen, guardaespaldas “cachas” portando gafas oscuras incluso de noche y micrófonos en los oídos, azafatas anoréxicas y/o recauchutadas hasta los callos de los pies, ruedas de prensa y conferencias fútiles preñadas de lenguaje alambicado, anglicismos por doquier... eso de cara al público. En el ámbito privado nos encontraríamos con caprichos inconfesables propios de sibaritas y nuevos ricos, así como salvajes fiestas hasta el amanecer bien regadas de champagne cosecha 1931, caviar ruso, coca (¿sin Cola?) y furcias de alto copete.




Pero, ¿de qué va todo esto más allá de las congratulaciones, risas estúpidas, palmaditas en la espalda, previsiones que nunca se cumplen y recomendaciones que ellos mismos son los primeros que se pasan por el forro de la entrepierna? Resumiendo mucho, de lo que se trata aquí es de mantener el status quo vigente, ese que les permita seguir desarrollando esta infame economía de Monopoly, consistente en hacer dinero a partir del dinero en los mercados financieros, inflar burbujas y seguir depredando países enteros para beneficio de unos pocos privilegiados.

Y mientras las gentes del mundo asisten atónitas a tan obsceno dispendio, la brecha entre ricos y pobres no deja de dispararse: las 85 personas más ricas del mundo tienen tanto dinero como los 3.500 millones de los más pobres del planeta, la mitad de la población de la tierra; el 1% más rico de personas en todo el globo tiene 110 billones de dólares, es decir, 65 veces la riqueza total de la mitad inferior de la población mundial. Sin ir más lejos, en España ese mismo informe de Oxfam revela que las 20 personas más ricas poseen una fortuna similar a los ingresos del 20 % de la población más pobre. Más allá de todas las reservas que nos pueda inspirar dicha ONG, no hay que ser ningún genio para darse cuenta de cómo las élites económicas están secuestrando el poder político para manipular las reglas del juego en su beneficio.

Curiosamente, el paradisíaco enclave alpino suizo donde se reúnen estos pájaros de cuenta, buitres carroñeros, hienas, vampiros y demás fauna fue el que inspiró al gran escritor alemán Thomas Mann su genial “La montaña mágica”... ¡Qué cosas!

                                                                                  RICARDO HERRERAS



No hay comentarios:

Publicar un comentario