viernes, 29 de enero de 2016

Gustavo de Arístegui, uno de los 8.716 "casos aislados" de corrupción del PP y el negocio de la libertad.







Ricardo Herreras Santamarta/


                                                          EL NEGOCIO DE LA LIBERTAD

Todos recordamos a Gustavo de Arístegui cuando en 2003 se convirtió en el vocero más entusiasta del único grupo parlamentario que, frente a toda la oposición y movilización ciudadana, defendía aquí la participación de España en la guerra de Irak sin cargo de conciencia alguno, argumentando para ello las mismas burdas patrañas inventadas por los promotores y a la postre principales beneficiarios de la misma.

Las desastrosas y fatales consecuencias de aquel criminal despropósito cuyo principal objetivo no era llevar ninguna democracia sino crear un espacio de caos primero y de rapiña después en el Golfo a mayor gloria de las trasnacionales aún llegan hasta nuestros días, pero eso no impidió que este sujeto de aspecto relamido y aire de monaguillo panocho/pajillero apareciera siempre en todas las quinielas de “ministrables” dentro del anterior Gobierno de Rajoy. 

En pago por los servicios prestados y seguramente para que diera rienda suelta a sus ínfulas de diplomático british, se le acabó concediendo la apetecible embajada de la India, desde donde ahora sabemos ha estado (presuntamente) cobrando comisiones millonarias (al igual que ha estado haciendo su “honorable” correligionario y hoy cuasi tránsfuga Gómez de la Serna) por lograr lucrativos contratos a empresas españolas, utilizando para ello con total desvergüenza y de forma continuada su “patriótica” posición de privilegio como funcionario de carrera en el sector público para engordar así sus negocios privados a base de traficar con influencias.

Su dimisión semanas atrás fue presentada según el susodicho “para no perjudicar al PP” (sic). Tranquilo Gustavito, no has perjudicado al PP: solo has sido un “caso aislado” más de corrupción, como los otros 8.716 “casos aislados” de corrupción cuantificados en tu “serio” partido durante la pasada legislatura.

                                                                       RICARDO HERRERAS



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