lunes, 18 de enero de 2016

¿Prefiere la derecha una España rota antes que roja?. Ricardo Herreras analiza el enfrentamiento entre catalanes y españoles.






Ricardo Herreras Santamarta/




                                                ENTRE LA TORPEZA Y LA CANALLADA

Los chicos de la CUP podían haber rechazado un acuerdo con JxSí para, forzando nuevas elecciones autonómicas, acelerar el tan ansiado cambio social en todo el territorio español. Pero finalmente, de forma harto torpe e incomprensible (¿o temían quizás ser barridos por la marca catalana de Podemos?), han caído en el síndrome de Estocolmo independentista y les ha podido más el intento de formar una “república catalana” que otra cosa, lo cual a corto plazo solo favorece a esta política frentista de tierra quemada que practican quienes representan a las en el fondo muy antipatrióticas e insolidarias burguesías catalana y españolista, una política que en nada resuelve los problemas reales de los ciudadanos tanto de aquí como de allí.

PP y PSOE (más el bluff Ciudadanos) por un lado y CDC por otro son prácticamente las dos caras de la misma moneda. Han gobernado, recortado y expoliado juntos, defienden casi las mismas nefastas políticas económicas (Reforma Laboral, Estabilidad Presupuestaria, Amnistía fiscal) y votan en un 90% al unísono en el parlamento europeo. Ahora, en caída libre electoral, necesitan como el oxígeno retroalimentarse de 4 años más de enfrentamientos, inmovilismo e insultos cruzados para enrocarse/bunkerizarse en sus posiciones, escamotear la llegada de Pablo Iglesias al gobierno de España amén de prolongar el moribundo régimen del 78´.





Así pues, y antes de que sea demasiado tarde, urge desactivar este diabólico choque de trenes, abriendo un proceso constituyente a nivel nacional. La mera reforma constitucional como defiende el PSOE ya no es suficiente. Y sí, por qué no, aceptar la posibilidad de convocar un referéndum en Cataluña. 

Pero claro, esto pondría en evidencia a unos y a otros y, lo que es más importante, cuestionaría los seculares privilegios de las oligarquías centralista y periférica, para las que todo ha valido hasta ahora, incluso si hace falta llegar al paroxismo de balcanizar una España que se prefiere -para solaz del Gran Capital Internacional, europeo y norteamericano, cuyo objetivo fue, es y será siempre que seamos una realidad política y económica irrelevante, sin presencia ni peso en el futuro inmediato, donde cualquier cambio progresista aquí sea imposible por el simple hecho de que nuestro tamaño demográfico, cultural e ideológico se quede muy por debajo del valor crítico que necesitemos para poder afianzar nuestra soberanía y ser un referente en el orden globalizado- “antes rota, que roja”. Al fin y al cabo, este país siempre ha sido como su cortijo particular. Y nosotros, todos nosotros, esos tontos muy tontos que caemos una y otra vez en su ya cansino juego de enfrentarnos a los unos con los otros.


                                                                              RICARDO HERRERAS




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