miércoles, 3 de febrero de 2016

Auschwitz-Birkenau. Algunos lugares que siempre deben guardarse en la memoria.







Ricardo Herreras Santamarta/


LUGARES DE LA MEMORIA

                                                                      A Marta
 
Como cada 27 de enero se ha “celebrado” el Día Internacional del Holocausto, este año marcado por el debate sobre el sentido mismo de la preservación de las antiguas fábricas de la muerte diseminadas por el régimen nazi en algunos enclaves europeos.

Es el caso paradigmático de Auschwitz-Birkenau, a 40 kilómetros de Cracovia, el más tristemente célebre lager creado por los “chicos” del III Reich, hoy día un sobrecogedor y espeluznante museo de los horrores cuyas cámaras de gas, hornos crematorios y montañas de objetos personales (gafas, zapatos, maletas e incluso cabellos) deberían servirle al visitante de turno de constatación física de lo peor que el ser humano puede llegar a hacer cuando goza de total impunidad o da rienda suelta a su odio homicida, amén de inolvidable lección vital al recordarle uno de los episodios más infames que hayan acontecido nunca y que jamás deberían volver a ocurrir. 

Sin duda, una dura visita que convendría fuera más allá de lo estrictamente turístico. Porque el debate sobre la indispensable conservación física de los campos no es tan importante como sí lo es el sentido último de la misma. Sería deseable por tanto que no acabemos convirtiendo a estos lugares de la memoria en meros parques temáticos para que ñoñas y estúpidas familias burguesas vayan allí en autobuses fletados por agencias de viajes a pasar el día con sus odiosos y consentidos niños (perrito incluido) mientras se hacen selfies o se montan un picnic.  

Alguien dijo una vez que “Olvidar el Holocausto es como matarlo dos veces”. Pues comercializarlo en aras de la sacrosanta rentabilidad en la que nos movemos o banalizarlo en el de la propia lógica de la sociedad del espectáculo que todo lo invade sería ya reducirlo a la categoría de pura anécdota, a un mero “detalle” como lo calificó hace unos meses el atrabiliario fundador del Frente Nacional francés Jean-Marie Le Pen. De ahí a negarlo, habría solo un paso.


                                                                                   RICARDO HERRERAS



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