miércoles, 17 de febrero de 2016

El anacrónico abrazo de la Transición. El 78 se descompone con su impostura.







Ricardo Herreras Santamarta/


                                                                  EL ABRAZO… TARDÍO

Con muchísimo retraso (y atendiendo a una acertada iniciativa de IU) hace algunas semanas nuestro Parlamento rescató del ostracismo el que dicen es el cuadro más simbólico de la llamada Transición: “El abrazo”, de Juan Genovés. Realizado en el ya lejano 1976, en él se pueden ver a varias personas que se abrazan, si bien no alude a todos los españoles como se nos quiere vender ahora, sino más bien a aquellos que lucharon contra la dictadura y fueron perseguidos tras luchar por traer las libertades aquí, lo cual es muy diferente.

Una obra que nació en la clandestinidad y que luego ha vivido paradójicamente en la clandestinidad en estos casi cuarenta años de supuesta democracia. ¡Qué metáfora! ¿O debemos hablar de una simple casualidad? Una vez leí que las casualidades no existen, solo nuestra creencia en que las casualidades existen. En ese sentido, parece que nuestra casta partitocrática ha estado muy interesada en ocultar dicho cuadro en los sótanos del Museo Reina Sofía, quizás porque sus privilegiados miembros, inefables adláteres y conspicuos voceros siempre han sabido que aquello de la Transición tuvo mucho de impostura, ya que nunca rompió con muchos de los peores vicios anteriores, o al menos fue algo inacabado.

Cuatro décadas después de su realización, del compromiso, ilusión y esperanza de construir un futuro mejor entonces se ha pasado a la corrupción prácticamente enquistada en las administraciones del Estado, a la desigualdad imbricada en el tejido social, al paro y precarización galopantes… Pero sobre todo al descrédito generalizado hacia un Régimen del 78´ que, con gestos tan tardíos como éste, solo hace que ponerse en evidencia él mismo.

                                                                                  RICARDO HERRERAS



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