domingo, 13 de marzo de 2016

José Antonio Quintana expone durante estas semanas en la Galería de Arte Ángel Cantero.







Uno de los aspectos que más admiro de José Antonio Quintana como pintor es ver cómo se desenvuelve frente al lienzo desde una unidad e inmediatez. Fluye, y las fases de sus obras se concatenan entre sí de forma natural, sin contemplaciones. Parece pintar como si estuviera haciendo cualquier actividad rutinaria de su día a día. Pinta como si estuviera haciendo unas tostadas o dando un beso a su mujer, como si condujera al trabajo o como si estuviera caminando por la playa.

Esta naturalidad hace que hablar sobre su trabajo sea algo absurdo, ya que es sólo su trabajo el que puede decir algo coherente al respecto. Y por ello me limitaré a describir ciertos aspectos que son relevantes para mí.

En primer lugar debería decir que José Antonio es un gran dibujante y pinta como aquellos dibujantes que no prestan demasiada atención a todo lo que ya saben. De esta manera, él se lanza al vacío en cada obra buscando aquello que no se puede conseguir sabiendo lo que buscas. Es por esto por lo que Quintana parece disfrutar al plantear el caos y el descontrol para luego ordenarlo con precisión. Hablo del collage con el que inunda la tela antes de ni siquiera coger un pincel. Trozos de papel y revistas que luego son pintados o velados para así convertirlos en un residuo en el lienzo. En este descontrol inicial consigue que el ejercicio de composición más general dependa del cuadro y no de sí mismo. Y así, sin decisiones racionales que interfieran en su ritmo, surgen los espacios entre formas contrastadas pintadas con una paleta aparentemente básica.

Según mi punto de vista y la manera en la que vivo la pintura, el mayor logro de los paisajes de Quintana reside en aquello que no se ve. Como si el olor de la imagen fuera más importante que la imagen en sí misma. Su impronta es importante, pero no definitiva, ya que esto no construye el cuadro. La esencia de Quintana es construida por el carácter de los espacios entre elementos. Y es aquí donde mejor se desenvuelve su intuición.

Me parece importante resaltar la falta de presencia de la figura humana en la mayoría de sus paisajes, lo que parece ceder protagonismo a la interacción entre las construcciones hechas por el hombre y la ausencia del hombre. Como si el silencio reinara a consecuencia de los logros contemporáneos; como si quisiera decirnos algo, aunque conociéndolo, dudo que el propio artista lo admita.

Juan Carlos López Davis.


C/ Juan Madrazo, 25, bajo - 24002 León - 987 24 23 54 - angel-cantero.com
Horario: L-V de 18:30 - 21:30 h. Sábado: 12:00 a 14:00 h. y 18:00 a 21:00 h.



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