viernes, 1 de abril de 2016

El tozudo Bernie Sanders se niega a tirar la toalla. Al menos todavía.







Ricardo Herreras Santamarta/


                                                                               BERNIE

Tras vencer en Hawai, Washington y Alaska el pasado fin de semana, el tozudo Bernie Sanders se niega a tirar la toalla. Al menos todavía.

Con una crítica más severa que los “republicanos Light” Bill Clinton y Barack Obama al modelo (ultra)neoliberal heredado desde los tiempos infaustos de Ronald “Reagan Hood” (aquel que robaba a los pobres para dárselo a los ricos), haciéndose eco de las sangrantes desigualdades del gigante estadounidense (un país donde, a pesar de que en términos macro su economía se esté comportando bastante mejor que las de otros países desarrollados, las clases medias se han visto sometidas a un alarmante proceso de depauperación y las clases trabajadoras, ni siquiera trabajando más horas, consiguen llegar a fin de mes) y sin apenas apoyo tanto de las grandes corporaciones como de los mass media, sus buenos resultados son casi un milagro frente a la todopoderosa maquinaria del partido demócrata engrasada para favorecer a la cada vez más prosaica sabelotodo de Hillary Clinton.

Es verdad que muy difícilmente logrará la nominación final de los demócratas. Lo de las primarias, los caucus y demás tiene su truco. Incluso si se obrase el milagro de que llegara a la Casa Blanca, jamás le dejarían aplicar un programa socialdemócrata de máximos. Ciertamente, no están los tiempos para nuevos New Deal.

Pero ya solo el entusiasmo y energía desplegados por el viejo senador de Vermont -en este sentido, su figura guarda muchas semejanzas con el combativo líder laborista británico Jeremy Corbyn- deberían ser un gran ejemplo para todos esos jovenzuelos socialdemócratas acomodados (los Sánchez, Renzi y cia.) que pululan por aquí con su insípido discurso, meros productos de la mercadotecnia electoral que ha mucho tiempo abandonaron la lucha real por lo que debería ser justo.


                                                                       RICARDO HERRERAS



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