martes, 5 de abril de 2016

Los obreros vagos, chapuzas, risibles, ignorantes, goseros, zafios, incompetentes e irresponsables de la televisión pública española.







Ricardo Herreras Santamarta/


CURRANTES

Definitivamente, se ha perdido el respeto al obrero. Entre otras cosas y en cierto modo, porque también los obreros se lo han perdido un poco a sí mismos.

Voy a explicarme. Veía ayer -en uno de esos programas "postmo" hechos a base de corta y pega de la vieja e infinitamente mejor TVE en blanco y negro- un fragmento de aquella entrañable serie donde el ya desaparecido actor Sancho Gracia interpretaba a un chulesco transportista en el fondo serio y honrado, que recorría altivo nuestras carreteras en los 70´ con su mítico Pegaso derrochando dignidad y orgullo por los cuatro costados.

De inmediato pensé en cómo, avanzando la supuesta democracia, la "caja tonta" se ha ido llenando aquí de obreros vagos, chapuzas, risibles, ignorantes, groseros, zafios, incompetentes e irresponsables en series (del jaez de “Manos a la obra” o la reciente “Aída”) cada vez más casposas amén de conformistas y vacías del más mínimo contenido, crítica y conflicto social.

Es verdad que la comedia costumbrista tira de estereotipos. También que el boom del ladrillo trajo consigo un consumismo mal digerido por esos currantes a los que todos vimos alguna vez conduciendo BMWs o cenando langostinos a crédito, pulverizándose así cualquier atisbo de conciencia de clase en los mismos. 

Pero este escarnio planificado por los mass media que los ha convertido hoy en una grotesca y denigrante caricatura esconde algo todavía mucho más perverso: la justificación perfecta de su conversión en mera carne de cañón para su explotación y precariedad en el mercado laboral actual. Para más inri, con su propia complicidad. O para ser más exactos, con la nuestra. 


                                                                                  RICARDO HERRERAS


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