domingo, 29 de mayo de 2016

El graffitero Bansky. ¿Estamos ante un genio rebelde o ante un hipócrita farsante?.







Ricardo Herreras Santamarta/


                                                                             BANKSY

Hasta hace poco, el graffitero Banksy era conocido (entre otras muchas cosas) por “infiltrar”sus creaciones en algunos de los más conocidos museos del mundo, como medio de “sabotaje” artístico, modo de lanzar un mensaje de protesta o lisa y llanamente ingeniosa manera llamar la atención. Ahora la Fondazione Roma exhibirá nada menos que 150 de sus obras en toda una exposición dedicada a su misteriosa persona.

En un viaje -el que va de ser un género de expresión pública subversiva a un objeto de colección en subastas de alto copete y exhibición en galerías superelitistas- sin aparente billete de vuelta, parece claro que este tan estimable como polémico arte callejero acabará perdiendo con el mismo buena parte de su poder contestatario al sacarse de su auténtico y primigenio contexto.

Pero, ¿y qué pasa con el tal Banksy? ¿Estamos ante un genio rebelde que está jugando al gato y al ratón con los mercados del arte o se trata solo de un hipócrita farsante al que éstos han devorado de manera definitiva por mor del vil metal? A estas alturas de la película se han visto ya tantos conatos de impostada transgresión, que su caso (independientemente de su inmenso e incuestionable talento: eso hay que reconocerlo) tiene toda la pinta de ser la enésima muestra de la elasticidad del omnímodo modelo socioeconómico capitalista para acoger en su seno a sus presuntos hijos rebeldes, los cuales jamás llegan a hincar los dientes en la “odiosa” mano que les acaba encumbrando y/o enriqueciendo. 

Porque no pueden (no es sencillo, admitámoslo) o porque en verdad nunca quisieron hacerlo, esa es la cuestión.

                                                    RICARDO HERRERAS


 

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