lunes, 20 de junio de 2016

BREXIT. El caballo de Troya de Estados Unidos podría desaparecer de Europa gracias al referéndum isleño. En verdad, muchos europeos lo celebrarían.







Ricardo Herreras Santamarta/




                          TO BE OR NOT TO BE: ENTRE EL BREXIT Y EL REMAIN A LA CARTA

Con un pie en Europa y con el otro en los EEUU, a nadie se le escapa ya que los británicos siempre han estado ahí -casi desde los tiempos en que saltaron el muro de Adriano- incordiando precisamente para impedir que se consolidase un bloque continental unido y fuerte. A principios de año, el primer ministro David Cameron dio un paso más allá. En aquel momento, éste no pidió para su permanencia una “refundación del proyecto europeísta” como afirmaron algunos papanatas neoliberalesdemasiado adictos a todo lo british, sino que definitivamente exigió una UE a su medida, lo cual no es lo mismo.

Entonces, las vergonzosas concesiones arrancadas al presidente del Consejo Donald Tusk permitieron al vástago sajón conseguir por enésima vez todos sus objetivos: en lo fundamental, que la city londinense continúe controlando (pirateando, más bien: es lo que mejor saben hacer) las lucrativas finanzas en euros sin las restricciones impuestas por el Banco Central Europeo para el resto de socios comunitarios aportando además lo mínimo a la caja común (el llamado “cheque británico”). ¡Así da gusto!

Con este aval, Cameron se las prometía muy felices en el referéndum. Sin embargo y para su sorpresa, los partidarios del Brexit han ido ganado adeptos entre las gentes del Reino Unido bajo las premisas de que una salida ahora les permitiría todavía un mayor control de la inmigración, una mejor posición para negociar los acuerdos comerciales y una liberación de la regulaciones burocráticas de Bruselas. Desde luego, y a pesar del descarado discurso del miedo al que está recurriendo el premier británico, a día de hoy (veremos qué pasa tras el asesinato de la diputada laborista favorable al Remain Jo Cox, pues lo mismo cambia la intención de voto) las cosas no pintan nada claras de cara a la consulta de este 23 de junio, en un resultado que genera tantas incertidumbres a ambos lados del Canal de la Mancha como inestabilidad en los inefables mercados bursátiles.

Pero, ante tanto incordio, siendo una evidencia que esta gente solo está en las estructuras de la Unión a conveniencia y para lo que les interesa, ¿por qué no se les echa de una vez? Básicamente porque aquí hace muchísimo tiempo que ni existen ni mandan los estadistas (como el viejo Charles De Gaulle, el cual jamás quiso ver a los anglos dentro, a los que consideraba “el caballo de Troya” de Estados Unidos en la entonces CEE) sino esta especie de politiqueros mediocres abonados al cortoplacismo para más inri compinchados con los mercachifles anónimos que viven de alquilarnos nuestro propio dinero.

En realidad esto del Brexit no es más que otro síntoma de la misma enfermedad que recorre el continente desde Algeciras a Copenhague, desde Cardiff a la isla de Lesbos. Una enfermedad que está matando el cuasi extinto espíritu de construcción europea y para la cual no se acaba de dar con el diagnóstico adecuado: unos lo llaman tiranía de los poderes financieros en detrimento de las personas, otros, exceso de burocracia, los más crisis económica y algunos directamente Deustchland.

Sea como fuere y en lo que a mí respecta, dado que los hijos de la Gran Bretaña van a continuar con su actitud tocapelotas bien podrían irsea freír morcillas. Y que se las diesen en kilos y en gramos, no en libras ni en onzas. Si de paso devolvieran el nefasto paraíso fiscal y nido de contrabandistas en que han convertido Gibraltar, mejor. Aunque me da que no caerá esa breva, no…

                                                                                                              RICARDO HERRERAS



2 comentarios: