lunes, 6 de junio de 2016

PP, Ciudadanos y la prensa paniaguada. Ricardo Herreras te cuenta como hablar de Venezuela cuando no se tienen soluciones para España.







Ricardo Herreras Santamarta/
                                      

                                                            ESPAÑA, CAPITAL CARACAS

La histeria antichavista cobra por estos lares tintes cercanos a la paranoia anticomunista de los tiempos del tristemente célebre senador por Wisconsin Joseph McCarthy. Es más, la misma parece haber llegado al paroxismo con el grotesco viaje (lágrimas de cocodrilo Lacoste incluidas, ésas que nunca se le ha visto derramar por las miles de víctimas de nuestra brutal crisis) hace días del atribulado líder de Ciudadanos a Caracas.

 Tanto, que uno empieza a preguntarse si habrá vida después de Venezuela para tantos politicastros aferrados a la poltrona con su discurso del miedo o para tantos tertulianos/comentaristas abonados a la manipulación mediática ordenada por la poderosa mano que les da de comer.

La situación de Venezuela no es buena en absoluto. Las razones son muchas, variadas y complejas. Y francamente, no sé si vienen al caso ahora. Pero lo cierto es, que ello pretenda ser una cortina de humo para tapar o desviar la atención de lo que aquí ha pasado y está pasando… empieza a resultar vomitivo. Se les está yendo de las manos el circo, francamente.

En ese sentido, estaría bien documentar con detalle lo que está sucediendo, so pena de que quienes vengan detrás nunca nos crean o nos tomen directamente por locos cuando en algún momento se lo contemos. Pero bueno, quizás todo esto no sea más que un mal sueño y muy pronto nuestros problemas reales -precariedad laboral, recortes, corrupción, etc.- se pongan sobre la mesa de la campaña electoral...

Claro que, bien pensado, tampoco se puede obviar que aquí tenemos líderes de opinión de la talla de Bertín Osborne, El Yoyas, Pablo Motos o Jorge Javier Vázquez. Tampoco, que no existe nada más difícil en este mundo que tratar de razonar con un tonto. Y los tontos, por desgracia, no descansan, resultan inamovibles en sus cerriles posiciones y son muchos en este extraño país llamado España.


                                                                                       RICARDO HERRERAS



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