viernes, 1 de julio de 2016

No es país para mujeres. Natalia Cerletti.






Natalia Cerletti/



 

                                                              NO ES PAÍS PARA MUJERES

Cada Lunes sin Sol que se convoca frente a Botines nos muestra, especialmente a las mujeres, una realidad ineludible: nos están matando. Cuando una cae las demás nos estremecemos, sufrimos y en ocasiones tememos; la siguiente podría ser cualquiera de nosotras, y en momentos así la perspectiva de acabar saliendo en las noticias se vuelve real y dolorosamente tangible. Nos recuerda, de la peor forma posible, que estos crímenes no son casos aislados ni el producto de individuos descarriados. Son el resultado de la sociedad en la que vivimos, la mentalidad que tenemos y la violencia que ejercemos, de la que todas las mujeres -sin excepción- hemos sido víctimas en mayor o menor grado.

Es hora de que empecemos a entender la violencia como algo que va mucho más allá del daño físico o la privación de la vida. Los ataques no siempre llegan en forma de golpes y no por ello resultan menos devastadores. Por otro lado, los asesinatos de mujeres a manos de sus parejas son una de tantas formas de violencia machista, y reflejan un problema de desigualdad mucho más amplio y complejo. Violencia es, por ejemplo, que en un juicio por violación se le pregunte a la víctima si “cerró bien las piernas”. Violencia es juzgar la dignidad de una persona por la cantidad de piel que deja ver o entender el largo de su falda como una invitación a disponer de su cuerpo. Violencia es decirle a una mujer que no se la va a contratar pese a tener un perfil más idóneo que los demás candidatos “por si acaso se queda embarazada”. Violencia es otorgarnos una mayor responsabilidad en el cuidado de los hijos e imposibilitar la conciliación laboral y familiar, empujándonos a los trabajos temporales o simplemente precarios.
Violencia es obligarnos a abandonar nuestras ciudades y nuestros pueblos por falta de sustento y penalizarnos si ello implica delegar el cuidado de nuestros mayores y enfermos en terceras personas. Violencia es no reconocer que el trabajo que realizamos en casa y como cuidadoras es un trabajo. Y la lista sigue.

Es sabido que los cambios sociales suelen preceder a los legislativos, y es por ello que como sociedad debemos luchar para provocar avances en nuestras leyes. La Ley Integral contra la Violencia de Género resultó un buen punto de partida para atacar la cara más urgente del problema, pero ha llegado el momento de dar un paso más. Se hace imprescindible incluir en ella todas las formas de violencia machista, desde la mutilación genital femenina hasta los ataques contra trabajadoras sexuales, el acoso o la trata y esclavización de las mujeres. Y, sobre todo, se hace urgente entender que la desigualdad se manifiesta en todos los ámbitos de la sociedad, por lo que todas las leyes -como normas de convivencia social que son- deben realizarse desde una perspectiva de género. Por ejemplo, un plan para fomentar el empleo fallará en su cometido si no contempla medidas para contrarrestar el hecho de que las mujeres tenemos peores perspectivas de inserción laboral y mayores probabilidades de acabar en la pobreza incluso después de haber encontrado un trabajo. De la misma manera, una reforma de la educación que incluya la formación en igualdad y erradique el machismo de las aulas será clave para construir una sociedad donde este tipo de violencia estructural no tenga cabida.

Hoy por hoy, este no es un país para mujeres. Está en nuestras manos cambiarlo.

                                                                                                                     Natalia Cerletti.


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 CERLETTI, Natalia, "No es país para mujeres", en La Leonera. nº 1, León, 2016, p. 9. Boletín editado por Círculo Podemos León cuyo editor literario es Formación Democrática de Podemos León.



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