lunes, 3 de octubre de 2016

Los últimos coletazos de Felipe González: un barco sin rumbo llamado PSOE que está a punto de irse a pique.








Ricardo Herreras Santamarta/


                                                         PSOE: (PEN)ÚLTIMO ACTO

El pasado miércoles a la mañana, desde la lejana Santiago de Chile y quizás con un Cohiba entre los dedos, quien en su momento jamás mintiera (ja, ja, ja) a los españoles con la OTAN, los GAL o los fondos reservados, quien amparado por las urnas bien pudo hacer de éste un país decente y no lo hizo, quien aquí cubrió de mierda la palabra socialista para los restos… decía sentirse engañado por Pedro Sánchez en unas explosivas declaraciones -sin duda auspiciadas y/o bendecidas por ese gerifalte del grupo Prisa e incansable conspirador que es Juan Luis Cebrián- que desataron la tarde de cuchillos largos vivida ese mismo día en el número 70, de la madrileña calle Ferraz.

Todo apunta a que estamos ante el enésimo acto de servicio -aún cuando ello pudiera conllevar su propio harakiri- de los afines a la vieja guardia felipista para con el sacrosanto régimen del 78, ése que se creó justamente para preservar los intereses de los mismos poderes fácticos que en España han controlado el cotarro desde mucho antes que Franco y de cuyo corrupto devenir, el partido refundado en Suresnes ha sido protagonista principal junto al PP.

En ese sentido, convendría no engañarse: en este grotesco episodio -si las cosas siguen así, seguramente uno de sus postreros como actor relevante en la escena electoral nacional- preñado de traiciones de última hora, puñaladas traperas y lanzadas a moro muerto, el atribulado Sánchez no es ningún héroe que se atrincheró en el “no” a Mariano Rajoy por convencimiento ideológico. Más bien al contrario: solo un “sociolisto”/social-liberal más -y si no, ahí está su trayectoria para demostrarlo- obligado hasta el sábado a apelar a las siempre ninguneadas bases frente a los ataques de algunos de sus todopoderosos barones por simple instinto de supervivencia.

Razón por la cual para no pocos -entre ellos, quien firma este breve artículo- la pelea de perros rabiosos a la que hemos asistido con el fin de hacerse con los despojos de la formación política que en su momento contribuyó a desmantelar sectores industriales clave de la nación, a bendecir muchas de las privatizaciones del hoy maltrecho sector público, a aprobar reformas laborales tan lesivas para la clase trabajadora como la del 2010, a pactar la alevosa modificación del artículo 135 de la Constitución, etc., etc., no sea ya motivo de pena ni de vergüenza.

Una curiosidad. Al día siguiente, el jueves a la noche, la 2 emitía “Los restos del naufragio”, película dirigida por Ricardo Franco precisamente el mismo año en que se aprobó nuestra actual carta magna. ¿Casualidad? Sea como fuere, eso es lo que les quedará al final del combate fratricida a quienes hereden este buque sin rumbo desde el pasado sábado y a punto de irse a pique llamado PSOE. Vae victis…




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