lunes, 13 de diciembre de 2010

Crítica de contenido al libro de Ramón Carnicer: "Donde las Hurdes se llaman Cabrera". Parte I.


En este artículo me centro en el autor de la foto, Ramón Carnicer, y su libro "Donde las Hurdes se llaman Cabrera".

Para la gente que aún no lo conozca, empiezo con una breve biografía. Ramón Carnicer, natural de Villafranca del Bierzo (León), afincado en Barcelona, ciudad donde ejerció de profesor de lengua y literatura hasta 1972; diez años antes, en el verano de 1962, escribió y se publicó la primera edición del citado libro en un viaje por la Cabrera Baja, motivado por su afán de descubrir y plasmar el modo de vivir de las gentes del citado lugar, el autor quiere comparar esos parajes con las Hurdes cacereñas, visitadas por el rey Alfonso XIII en el año 1922, ambas regiones poseían una extrema pobreza; la idea principal está bien lograda, pero cae en la crítica exagerada y recurrente a los habitantes del lugar con sus textos y datos, acerca de los cuales, pretendo exponer y opinar en los siguientes párrafos.

Mis fuentes de información son las siguientes: el libro "Donde las Hurdes se llaman Cabrera" de Editorial Edilesa edición año 2007, publicada por el Diario de León en colaboración con el Ayuntamiento de León y Agelco, Asociación de Empresarios Leoneses de la Construcción, S.L., de otra parte, la visita a la exposición de fotografías adjuntas de textos del manuscrito colgadas en el Centro Leonés de Arte, desde el 26 de mayo al 27 de junio de 2010, edificio perteneciente a la Diputación de León y ubicado en la Avenida Independencia, 8 de la ciudad leonesa, por último, también realicé llamadas telefónicas pertinentes durante este mes de diciembre de 2010, a la Editorial Edilesa el jueves día 9 en horario de mañana obteniendo su correspondiente respuesta al día siguiente por la tarde; a continuación, llamé a la viuda del escritor el sábado 11 por la mañana, continuando con su indicación llamé esa mañana al catedrático de la Universidad de León, José Enrique Martínez, responsable de la biografía del autor berciano, todo ello, para determinar el número de líneas y textos a publicar. Tras conversar con este último, manifestó no encontrar ningún obstáculo a la hora de reproducir los textos, sin límite de líneas por ser un blog.

Finalmente, indicar que en esta colaboración del blog CEPEDA CHIC Noticias, a continuación expondré los capítulos del libro en mayúsculas, seguidos de sus correspondientes páginas y las frases textuales del libro en negrita, remarcando en cursiva, a mi juicio, las duras palabras y críticas de Ramón Carnicer, objeto de mis correcciones-opiniones. Todo ello, lo he dividido en 4 partes claramente diferenciadas para su correcta localización, entendimiento y lectura más amena de los lectores interesados.

CAPÍTULO 1: NOTICIA DE DOS PUENTES (página 16) No a todos los mortales les es dado caminar por la cuerda floja de un circo, pero se puede tener muy aproximada idea de tal ejercicio balanceándose por el puente colgante de Ramiro, con la particularidad de que después de pasar dos o tres veces y en la confianza de que los cables y las tablas no se romperán, resulta más atractivo y gimnástico que otro puente cualquiera. En este texto, no sólo se aprecia la falta de entereza del autor, sino que además se permite comparar el puente y las personas que lo atraviesan con un circo y sus trabajadores, algo francamente irrespetuoso, nada digno de un escritor de viajes, a quien se supone que debería ser más atrevido, cordial y afable con las gentes que lo reciben.



CAPÍTULO 4: DE PUENTE DE DOMINGO FLOREZ A POMBRIEGO (página 24) Mi equipo de caminante se compone de una mochila y un sombrero ancho de segador. Mientras tomo una cerveza en la cantina, pienso que no estaría mal disponer de un bastón y pregunto al cantinero si puede vendérmelo. Baja a la bodega y vuelve con una cachava de palo descortezado. " Es de Antonio, el de Silván, un borrachón de mala boca. Ahora para usted. Se la regalo". Mi crítica va referida al escritor por no entender el porqué de su imagen atípica y extraña con un sombrero tan ancho, porque no va a segar (una tarea agrícola de largo tiempo al sol y para la que se requiere el citado sombrero) sino que simplemente pasea de un pueblo a otro, parándose a hablar con las personas, disponiendo del tiempo suficiente para resguardarse del sol bajo cualquier árbol del camino. Bien podía pasear en su plácido viaje, llevando una gorra o un sombrero más práctico. Ese puede ser el caso por el que algunos campesinos lo miran extrañados, ya que no transmite esa imagen claramente identificativa de los exploradores yanquis de las películas, ataviados de gorros pequeños específicos, dando cualquiera de ellos una imagen más apropiada que la de este cuestionable autor. Pero no es la imagen el fuerte de Carnicer, un viajero atípico a quien varios lugareños a lo largo de su viaje lo miran raro, según él escribe. El calificativo y comparación son muy fáciles para este trotamundos, es el típico imitador de explorador, por su cutre y vasta elección del sombrero y resto de accesorios. Respecto a la frase del cantinero, me pareció apropiado incluirla por el simple hecho de que a partir de aquí, el caminante provisto de palo adopta la personalidad del dueño del bastón respecto a su mala boca, para ir expresando en los próximos textos que cito, y espero que los leáis a continuación, su incesante crítica de todo lo que encuentra a su paso.

CAPÍTULO 5: HISTORIAS DE POMBRIEGO (página 28) Más abajo sentado en una piedra junto al buzón del cartero, un viejo sonriente y remendado hasta lo inverosimil, algo lelo y con las encías completamente mondas, me mira curioso y con ganas de hablar. Tiene una pierna de palo. Le pregunto por las cosechas. El anciano puede no ser agradable a la vista, pero no sólo le falta al respeto en su vulgar descripción, sino que se aprovecha que tiene una pierna de palo y no se puede mover para criticarlo a sus espaldas.

CAPÍTULO 7: SANTALAVILLA (página 35) El curso no ha terminado, pero esta escuela de Santalavilla será la única que veré en funciones en la Cabrera. Las piedras de la puerta tanto el dintel como a los lados, desbordados las jambas, parecen a punto de cerrarse sobre sí. Para que tal cosa se produjera y posiblemente se viniera abajo media casa, bastaría mover dos o tres de ellas con la punta de mi bastón. La luz que penetra del exterior se funde con la negrura opuesta sobre siete chicos y chicas que ocupan unos bancos y unas mesas de corte brutal y sin duda alguna centenarios. De las ennegrecidas paredes cuelga un mapa de España y otro de Europa -una Europa de fronteras olvidadas ya-, impresos los dos por la casa Colin, de París. La escuela puede estar en pésimas condiciones de conservación, pero de ahí a expresar o imaginar que se puede derrumbar con la punta de un bastón, me parece exagerado, si fuera así, él no habría entrado o estaría vacía por problemas de derrumbe, algo que no ocurre. Es despectivo con los niños y las niñas al matizar su negrura opuesta. Su falta de limpieza no es para despreciarlos, es bien sabido por todos que todos los niños/as se manchan, algo corriente en la infancia; respecto al corte brutal del pupitre, éste puede ser debido a la inexactitud del carpintero que la fabricó o al uso indebido de los/las chiquillos/as que la utilizaron a lo largo del tiempo; Por fin, en cuanto a los mapas no estarían allí de adorno sino porque se seguirían utilizando, a pesar de cambiar las fronteras como el autor indica. Quién sabe si la profesora enseñaba a sus alumnos/as como era esa Europa antes del cambio de fronteras, teniendo un práctico sentido histórico-geográfico del que parece carecer Carnicer.

CAPÍTULO 7: SANTALAVILLA (página 37) Primo Rodríguez es casi un viejo. Su cara parece la de un pinocho rústico hecho a golpe de azuela por un carpintero metido a escultor. ¿Cuántas piezas componen la camisa de Primo Rodríguez y cuál de ellas pertenece a la camisa original? Sigue Carnicer con sus despropósitos habituales, con un veterano poblador por diana, primero lo ofende para después en tono irónico y retórico (sin respuesta para sus adentros) continuar haciendo preguntas sin sentido para mí, quizás crítico y relevante para el narrador, pero mostrando una vez más una actitud cobarde e irrespetuosa con el anciano.

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