sábado, 26 de enero de 2013

Abel Aparicio. Una mirada íntima hacia La Cepeda, desde el paso jacobeo de San Román de la Vega.


Nada mejor que la siempre deseada entrada de un fin de semana cualquiera, para degustar con tranquilidad las palabras sinceras y emotivas, de un autor literario que ama y reflexiona sobre nuestra comarca con serenidad.

Abel Aparicio, natural de San Román de la Vega, empezó a mirar hacia La Cepeda desde niño. A partir de entonces ya comenzó a acumular una serie de sensaciones y experiencias, que ahora ha plasmado a través de la colaboración en una revista cepedana que se proyecta hacia la tierra que le da nombre. Tal vez, por que San Román vió y podría volver a ver pasar a los peregrinos jacobeos, sin saberlo, nuestro autor mira con un anhelo especial hacia la cumbre de San Bartolomé.


                                         


                  Una bella colaboración de ABEL APARICIO, enviada a LA CEPEDA CHIC Noticias.




Cerca de la Cepeda


En lo más profundo de mi libertad, reposa un  sentimiento que de vez en cuando despliega sus alas en las que se puede leer “si algún día me pierdo, buscadme, si queréis, en La Cepeda”. Di mis primeros pasos muy cerca de ella y pasé tardes mirando rio arriba, preguntándome de dónde venía esa agua. Quizás sea por eso - por la deuda que tenía con mis ansias de volar ya desde muy niño - que una parte de mí siempre estará en La Cepeda.
Me fui haciendo mayor y esa libertad me llevó a lo más alto, al Pozo Fierro, al Cueto San Bartolo, al mirador de San Feliz y hoy mismo al Cerro de Manzarnoso. Desde estos lugares, se puede ver a muchas de las mujeres que sacaron esta tierra adelante, con sus pañuelos negros y con las manos tan duras y a la vez tan suaves, que muchos hombres deberíamos leer las biografías que dejaron escritas en una llingua hoy demasiado maltratada; el sacrificio de los hombres bajando en bicicleta con kilómetros bajo cero hasta Astorga cada martes; a esos rapaces y rapazas que en las escuelas sembraban de vida cada pueblo; los rebaños que cruzaban La Cepeda por la cañada de la Vizana o de la Plata camino de Babia buscando las brañas donde pastar el verano; O ese camino que lleva Finisterre custodiado por la Orden de San Juan desde el cueto San Bartolo para bajar a Montealegre y de allí, a la vecina comarca del Bierzo.
Se ve todo eso, pero también me gustaría ver cuál es el camino para reinventarnos, que para mí, es lo que debemos hacer entre todos. Es difícil, pero en estos tiempos en los que cada día encontramos un argumento para abandonar, es cuando más erguidos debemos permanecer.  Uno de esos caminos puede ser la cultura, ya que cuanto más avanzado sea un pueblo, más posibilidades tiene de resurgir. Creo que hay que ponerse manos a la obra para dignificar el legado de los que ya no están.
Este verano me acerqué al cueto San Bartolo para ver la lluvia de estrellas y pensé que en La Cepeda las estrellas no están en el cielo, están abajo, pisando la tierra que les da vida. Es por eso, que siempre que tengo ganas de volar, aunque esté a miles de kilómetros, siempre estaré cerca de La Cepeda, ya que esta tierra me dio el impulso necesario para sentir, por primera vez, la libertad.

http://abelaparicio.blogspot.com


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