domingo, 27 de abril de 2014

Elena Poniatowska y El Quijote. Una apuesta por un modelo realmente democrático.




El Quijote más grande del mundo se encuentra en León. Es una obra de José Ajenjo a partir de unos bocetos de Víctor de los Ríos. Se encuentra en una finca ded Mansilla Mayor.





ELENA PONIATOWSKA Y EL QUIJOTE

Ayer, en el discurso del Premio Cervantes de las letras españolas, fue cuando Elena Poniatowska reivindicó nuestra figura más universal -el ingenioso hidalgo Don Quijote- en la misma dirección que algunos lo interpretamos: "El poder financiero manda no sólo en México sino en el mundo. Los que lo resisten, montados en Rocinante y seguidos por Sancho Panza, son cada vez menos. Me enorgullece caminar al lado de los ilusos, los destartalados, los candorosos". ¡Qué grande! ¡Y esto nos lo tiene que decir una hermana de México!

            En medio del marasmo provocado por esta crisis brutal, con el Régimen surgido de la Transición totalmente exhausto e incapaz de dar una respuesta a las exigencias de mayor participación y justicia social de la ciudadanía (secuestrado como está por la casta partitocrática al servicio de los intereses de la oligarquía financiera nacional e internacional), a lo que se añaden problemas como una errática política educativa (desde una miope progresía, empeñada desde hace tiempo en pasar por alto buena parte la rica tradición cultural española, por aquello de que huele a franquismo, a una  impresentable derecha, los mismos que se adornan con pulseras de la bandera nacional y luego obligan a los chavales a que estudien nuestra Literatura o Historia en inglés, sólo para acabar poniendo copas a los guiris en la costa) o una Academia alejada de la realidad, temerosa de fomentar el espíritu crítico entre los alumnos y completamente entregada a los “juegos florales” de tipo retórico propios del postmodernismo, cuando no a los intereses del mercado, el hecho de buscar referentes de pensamiento democrático en nuestro pasado se ha convertido casi en una necesidad vital para los que, primero, buscamos explicaciones a lo que está sucediendo, y segundo, creemos necesario articular un discurso claro, diáfano y coherente con el que construir un futuro mejor para nuestro país y democratizar sus instituciones, para que todos los españoles podamos ser de una vez y para siempre ciudadanos de pleno derecho, libres, iguales y con las mismas oportunidades.

            Como nos viene a recordar Poniatowska, los españoles no sólo tenemos una riquísima cultura que exige ser conocida y estudiada, sino que también poseemos una extraordinaria tradición de pensamiento democrático (un pequeño ejemplo: la Escuela de Salamanca del Siglo de Oro) que, de forma artera, se nos ha ocultado de los manuales de estudio. Tenemos que definirnos de nuevo como nación apoyándonos en lo mejor de nuestra identidad cultural, no contra Europa, en absoluto, pero que tampoco nos den lecciones desde fuera, y mucho menos quienes un día exterminaron a seis millones de judíos.  Tenemos que ahondar en nuevas (y a la vez viejas) expresiones y formas de convivencia. España tiene que escarbar en su Historia y construir una renovada narración democrática, basada en la justicia social y el respeto de los derechos humanos. El pueblo español tiene que subir su autoestima, no puede seguir pensándose como atrasado, inculto o vago con respecto a una Europa a la que siempre hemos pertenecido. 

            A pesar de todos los errores e injusticias cometidos, ello no nos debe impedir vislumbrar nuestras enormes posibilidades para el futuro si apostamos por un modelo realmente democrático y productivo. Tenemos que estar orgullosos de nuestra cultura, de nuestra diversidad y de saber que eso es precisamente lo que nos ha hecho diferentes, ni mejores ni peores. Tenemos que hacer un esfuerzo enorme para convencernos de que sí podemos salir adelante juntos y llegar a un lugar mejor del que estábamos. Tenemos que empezar a dar esperanzas y, a la vez, construir un nuevo mundo donde las relaciones sociales y la vida material sean completamente distintas, más dignas. Hoy, España, puede ser un ejemplo para Europa, ya que podemos poner en marcha nuevas formas de convivencia, podemos ahondar en la democracia, podemos recuperar nuestra cultura y podemos salir al mundo sin complejos y orgullosos defendiéndola, no ocultándola como hasta ahora. Todavía estamos a tiempo de conseguirlo.

            Ciertamente desgasta mucho ir a contra corriente y mantener las ganas de cambiar las cosas. Desde luego, nada como la mítica imagen de Don Quijote arremetiendo contra los molinos de viento para representar la lucha por una utopía, aún sabiendo de antemano que la derrota puede aguardar al final del camino. Por eso todavía espero que ese espíritu quijotesco que todos los españoles llevamos dentro vuelva a renacer más pronto que tarde dejando a un lado la comodidad y el pragmatismo mal entendidos, pues los verdaderos caballeros son quienes, en su bendita locura, como Alonso Quijano, todavía persiguen sueños que se antojan imposibles.


                                                   Ricardo Herreras Santamarta.



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