viernes, 9 de mayo de 2014

El Santo Grial en la XXXVII Feria del Libro. Margarita Torres y Ortega del Río no dieron la oprtunidad de hacer preguntas. No se debería jugar con la ilusión de la gente.



El desgaste físico que está sufriendo Margarita Torres es evidente, y ayer, a la conclusión de la presentación, también fue percibido por algunos asistentes.

Tal y como estaba previsto, esta pasada tarde tuvo lugar la presentación del libro Los Reyes del Grial en la carpa de actividades de la XXXVII Feria del Libro de León, a cargo de los autores Margarita Cecilia Torres Sevila-Quiñones de León y José Miguel Ortega del Río.


El público abarrotó la carpa.


Hacia las 20:00 horas, un espacio abarrotado de público daba testimonio del gran interés que suscita esta obra, que a día de hoy y después de poco más de un mes, ya va por su cuarta edición. La presentación tuvo lugar ante un público mayoritariamente entregado y desinformado desde el aspecto histórico, pero que con una envidiable ilusión, acudió en busca de las firmas de los autores. Tras la exposición, probablemente, la mayor cola de lectores que se ha conocido en la historia de la Feria del Libro se dispuso a conseguir unos autógrafos que se fueron plasmando durante una hora por parte de dichos autores. Así, hacia las 10:20 h., estos abandonaron la carpa después de algo más de dos intensas horas de actividad.

Sin embargo, la presentación ofreció algunos puntos obscuros al no poder demostrarse por ejemplo, la trayectoria del cáliz durante el primer milenio o al argumentar/sugerir que el caliz de ónice primero se habría bañado en oro, luego en plata y finalmente -para que tenga sentido semejante razonamiento- se habría "desbañado". Así es, nada menos que esta propuesta se lanzó desde la mesa, sólo algún minuto antes de que José Miguel Ortega del Río en un espectáculo semicircense de bajo perfil intelectual, mostrara unas tarjetillas que según indicó, reflejaban el testimonio de algunos leoneses sobre el material que estaba compuesto el cáliz de doña Urraca. Pues bien, como ya estará adivinando el lector, éste era diferente en cada caso. Pero las preguntas son evidentes: ¿pretendía así reforzar indirectamente el argumento de que el caliz de ónice, el de oro y el de plata del santo sepulcro eran un sólo cáliz? ¿quería también asentar que todos estos cálices diferentes del Santo Sepulcro, en realidad eran el cáliz de ónice que apareció fuera del Santo Sepulcro, o sea, el que llegó a León?. Pues sí, todo valía ayer y además debía de darse por bueno, ya que a la conclusión de semejante exposición, los autores no permitieron hacer preguntas.


El anterior papa con el cáliz de Valencia. Este cáliz está siendo empleado para que los leoneses se posicionen a ojos cerrados a favor del "descubrimiento" de Margarita Torres y Ortega del Río.

Pero el tiempo va pasando desde el aquel primer golpeo mediático y cada vez se pone más en evidencia, la flojedad del estudio y la huida hacia adelante de los autores. Tal vez sea el único punto de fuga que les queda a unos doctores universitarios que no sólo no están siendo respaldados por el entorno académico, sino que además, por lo que respecta a la Universidad de León, el Santo Grial se está digiriendo malamente.

Aunque todo hay que decirlo, tal vez sea esto sea algo merecido, pues en vez de posicionamientos internos lo que deberían de hacer desde la ULE, son manifestaciones públicas que zanjen de una vez, semejante "descubrimiento". No hay duda de que es muy doloroso ver a una compañera en semejante en embrollo y que posicionarse en contra -aunque sea por decencia- no es agradable, pero todavía lo es menos, jugar con las ilusiones de un público leonés que en plena crisis y en un deprimente contexto social, se agarra a un clavo ardiendo en busca de un punto de referencia.

Está muy bien mantener discursos coherentes por los pasillos de la ULE y mostrar integridad entre los amigos y los compañeros de despacho, pero también es necesario ser responsable y un buen profesional para evaluar a algo más, que al alumnado. Incluso, aunque ello implique el tener que dar la cara para la desagradable labor, de cortar en seco la ilusión ingenua y desmedida con que los leoneses han empezado a aferrarse a este inexplicable Santo Grial.



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