sábado, 24 de mayo de 2014

Elecciones europeas 2014. Todo lo que nos jugamos en la encrucujada de mañana.









ELECCIONES EUROPEAS: LA ENCRUCIJADA

A lo mejor estoy equivocado, pero tengo la sensación de que para la ciudadanía española y europea en general las elecciones del próximo domingo cobran una especial relevancia, tras años de apatía y en que las mismas se veían como algo lejano, difuso, cuando no directamente como un auténtico coñazo. Más vale que así sea, puesto que en ellas nos jugamos, nada más y nada menos, qué Europa queremos para el futuro.

Por un lado una UE como la que tenemos ahora mismo, la "Europa de los mercados", plegada al capital financiero, obligando a los diferentes pueblos europeos a pagar sumisamente la crisis que mercados y banca generaron y siguen generando. Es la estrategia del caos, generada por los poderes financieros y con la inequívoca complicidad de unos dirigentes alejados de la ciudadanía que se empeñan en las mismas medidas que nos siguen conduciendo a la recesión, a la precariedad laboral, a una mayor división entre ricos y pobres, a los recortes sociales...En definitiva: a más austeridad, a menos democracia y a más autoritarismo.

De otro lado, una renovada UE, la "Europa de los pueblos y de las personas”, que ha de pasar necesariamente por la inversión en desarrollo social, por la planificación democrática de la economía, por potenciar los servicios públicos, por una banca pública y transparente, por un mayor peso del Parlamento europeo como cámara decisoria frente a la todopoderosa Troika (resulta escandaloso ver como el grupo socialdemócrata y el popular han votado conjuntamente más del 75 % de las directrices de la misma), por la reducción sustancial de la capacidad de decidir de una Alemania que impone al resto de los países sus arbitrarias políticas de reducción del déficit... Es decir, más democracia y más justicia social.

La reciente e impresentable actuación de nuestros políticos comunitarios en Ucrania, jaleando a los elementos más extremistas, y todo para alejar a dicho país de la órbita rusa, es la gota que colma el vaso de todos los despropósitos habidos y por haber en los últimos años (véase convertir a Grecia en un auténtico campo de concentración, el bombardeo de Libia o el delictivo saqueo de los fondos pertenecientes a los ahorradores chipriotas). No, no es una broma. Todo podría conducirnos a una situación límite, pues es evidente que este proyecto europeo, tal y como aparece pergeñado en estos momentos, carece de identidad propia: está quebrado, fatigado, desnortado y subsumido en la diabólica dinámica neoliberal hasta el cuello.

 Europa no ha aprendido nada de su trágica historia (ahí está el rebrote del fascismo, ahora utilizado como ariete en la “estrategia del caos” de este desquiciado capitalismo del s. XXI) y sólo quedan ya los viles intereses de esas élites incapaces de verse como sujetos históricos y sólo atentas al lucro. Sí, Europa ha dejado de pensarse históricamente, se retuerce en el cortoplacismo y se revuelca en su incapacidad manifiesta de verse a sí misma como una construcción colectiva de sujetos históricos capaces de proyectarse hacia el futuro a través de la reflexión de su pasado y su presente (aunque después ese futuro no sea siempre como lo hemos proyectado). Hoy está sujeta al implacable y voraz reinado de Cronos, a la animalidad, a la simulación, a la pura bestialidad. Ovejas rumiantes en el establo del consumismo, en eso nos quieren convertir.

En última estancia, a nosotros nos corresponde decidir hacia dónde tiramos para salir de esta brutal crisis económica, política y de valores. Si verdaderamente aspiramos a ser ciudadanos de pleno derecho, nuestra responsabilidad es mucha este domingo.


                                                                                  Ricardo Herreras Santamarta



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