jueves, 8 de mayo de 2014

¿Estamos asistiendo a la agónica muerte del estado de derecho?. Ricardo Herreras Santamarta contesta a la pregunta.









                                 LA AGÓNICA MUERTE DEL ESTADO DE DERECHO

En los años 80´ Alfonso Guerra dijo "Montesquieu ha muerto” (sic). Lo que parecía una "boutade" más de este deslenguado oportunista que, como muchos otros miembros de la casta partitocrática al servicio del poder financiero (que no al servicio de los ciudadanos), todavía hoy sigue en el Parlamento español (¡!), parece haberse convertido con el paso del tiempo en una terrible realidad.

Es necesario recordar que el Estado de Derecho es un concepto creado como tal por los filósofos de la Ilustración (sí, entre ellos Montesquieu) en el siglo XVIII y que retoman de la antigua Grecia, plasmado luego por vez primera tras la gloriosa Revolución Francesa y significa nada más y nada menos que una sociedad ha de regirse por leyes escritas en pos de un objetivo racional, contrastando con un sistema donde rige el capricho personal de un dictador o la arbitrariedad de un rey absoluto. El Estado de Derecho es, pues, aquel en que TODAS sus autoridades están sometidas a un sistema de leyes e instituciones ordenado en torno de una Constitución, la cual es el fundamento jurídico de las autoridades y funcionarios que se someten a las normas de ésta. Es decir, que toda acción social y estatal debe encontrar sustento en la norma y sólo es eficaz cuando se aplica en la realidad a través de los órganos de gobierno correspondientes a los tres poderes (ejecutivo, legislativo y judicial), creando así un ambiente de respeto absoluto del ser humano.

Sin embargo, en las últimas décadas hemos visto en todo el Occidente una constante erosión de este sagrado concepto por hechos que todos tenemos en la cabeza, desprendiéndose de su significado real hasta convertirse en un mero significante, un fruto hueco o una especie de mantra que nos repiten machaconamente aquellos que, un día sí y otro también, lo vulneran con total impunidad, dando como resultado la anomia y el autoritarismo.

El jurista y politólogo Hermann Heller (1891-1933) escribió con gran lucidez que "Apoyar un estado de derecho vacío de contenido sólo puede conducir al totalitarismo". No vivió para verlo, pero la Alemania de Weimar desembocó ella sola en el Tercer Reich. Alguien debería tomar nota antes de que sea demasiado tarde.


                                            RICARDO HERRERAS SANTAMARTA



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