viernes, 6 de junio de 2014

¿Monarquía o República?. Ricardo Herreras escribe sobre uno de los debates más encendidos de los últimos días.







ADIÓS, JUANCAR, ADIÓS

Tras el tsunami electoral del domingo, los acontecimientos marchan "al galope" que diría Pío Baroja. ¿Qué supone la abdicación del Rey en este momento? Desde luego, es el certificado más palpable de la crisis de un sistema responsable de una forma de hacer política basada en el clientelismo corrupto y que nos ha conducido a esta crisis. Una  crisis que, lejos de ser coyuntural, es estructural para un Régimen que lleva cosido “por los hilos” desde el 78, como se puede comprobar en un momento como el presente, donde están saltando por los aires prácticamente todos los consensos de entonces (por no contar, ya no parece contar ni con el beneplácito de la Santa Sede, ahora con un Papa rojo en el trono de San Pedro).

Desde luego, los resultados de las europeas (ascenso de IU y Podemos) y la abdicación de Juan Carlos I, más la consolidación de los movimientos sociales, son las tres primeras victorias palpables de quienes formamos parte de una generación perdida y robada que demanda desde hace largo tiempo una España más justa y democrática (lo cual pasa necesariamente por ir a un proceso constituyente en el que participemos TODOS los ciudadanos y enviar al ya moribundo Régimen de la Transición al cubo de la basura de la Historia), en la cual  la Monarquía no cabe en absoluto. Es hora ya de cerrar esta etapa y avanzar hacia una verdadera democracia en la que realmente se protejan los derechos fundamentales de la ciudadanía: libertad, vivienda y trabajo digno, igualdad ante la ley…todos ellos cercenados por una casta gobernante acomodaticia y corrupta que nos ha vendido al más terrible neoliberalismo. Se abre, por tanto, una gran oportunidad para el país.

Pero no vayamos tan rápido. Aún queda mucho camino por recorrer. La oligarquía que lleva depredando este país como si fuese su cortijo personal desde hace más de 500 años no va a soltar tan fácil la presa y, con la complicidad de esta corrupta partitocracia y el apoyo de sus medios de comunicación afines, intentará una última y lampedusiana maniobra: la de "cambiarlo todo para que nada cambie", bien con Felipe VI o sin él. Todos ellos buscarán “lavar la cara” al Régimen y hacer una “segunda transición”dirigida desde las élites plutocráticas para seguir mangoneando el cotarro otros 40 años si es preciso. Por eso, la república en sí misma no es la solución: la solución es una República al servicio de las mayorías, del demos, del pueblo. No es una cuestión de forma, sino de fondo.

Igualmente, también habrá que estar muy atentos -ahora que el barco se hunde y algunas ratas empiezan a abandonarlo- a los muchos paracaidistas, oportunistas y chaqueteros que se apuntarán "a caballo ganador", intentando corromper o cooptar los diferentes proyectos populares en curso.

En cualquier caso, hoy me siento esperanzado de que las cosas puedan empezar a cambiar de verdad en España en un plazo relativamente breve. Y sí, lo admito, no he podido dejar de recordar con una cierta delectación aquellas clases en la Universidad leonesa (un día habrá que dedicar un especial a la impresentable casta académica que rige dicho organismo, ahora a vueltas con el postmodernismo y su alambicado lenguaje repleto de significantes carentes de significado, sin enterarse de lo que pasa ahí fuera, en la realidad) en los años 90' donde los "cuatro gatos" que cuestionábamos el bipartidismo, la burbuja inmobiliaria, la inminente llegada del euro o la sacrosanta Monarquía éramos vistos poco menos que como apestados. ¡Las vueltas que da la vida!

                                                           Ricardo Herreras Santamarta



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