jueves, 17 de julio de 2014

Jenaro García. El último episodio empresarial de la España de charanga y pandereta analizado por Ricardo Herreras.









            GOWEX  Y EL EMPRESARIADO ESPAÑOL

Cuando el pasado año se iba uno de nuestros más ilustres intérpretes cinematográficos - Alfredo Landa: ahí están películas como El crack o Los santos inocentes para demostrarlo - un amigo me comentó muy acertadamente "ojo: el landismo aún pervive". En efecto, aquel subgénero cinematográfico casposo y rancio de fines de los 60´y principios de los 70´ ha encontrado acomodo en la España del inefable Mariano Rajoy y del PP. Y sino, ahí están títulos impagables como Vente a Alemania Pepe (con miles de jóvenes hoy condenados al exilio laboral en el país germano)... y ahora también Jenaro el de los catorce.

Hasta hace poco, nombrar a Jenaro García era despertar la envidia inmediata entre todos sus colegas, ya que su modelo wifi de GOWEX se había convertido, por arte de "birlibirloque" y en un claro ejemplo de papanatismo colectivo de eso que llaman “marca España”, en sinónimo de éxito y modelo empresarial chupi-guay, aclamado COMO el Steve Jobs español (sic) e hiperpremiado por unos y otros, especialmente por los peperos, a quien habían puesto como epítome de emprendedor ante los más jóvenes. Las pruebas, abrumadoras, como se contó aquí ya en un artículo la pasada semana: ahí están las fotos y vídeos del reaccionario Gallardón con Jenaro probando el sistema GOWEX en los autobuses madrileños, de Ana Botella (alias “relaxing cup of coffe”) cayéndose la baba junto a él, de Lorenzo Amor - presidente de la ATA - definiéndole como un "triunfador nato"o del mismísimo Rajoy entregándole un prestigioso premio el pasado mes de marzo.

Sí, como el Jenaro de la película protagonizada por Landa, a este sujeto/bulto sospechoso le tocó la "quiniela de catorce" viviendo en un país como este, formado por un gran número de pícaros y políticos oportunistas, donde los“controles” (es un decir) de los organismos oficiales (Hacienda, Banco de España, CNMV) sólo funcionan para perseguir al ciudadano de a pie cuando éste se equivoca con la declaración de la renta o cuando tiene que recurrir a la llamada economía sumergida para llegar a fin de mes, mientras hacen la vista gorda ante el fraude fiscal a gran escala que practican con total impunidad y descaro las grandes fortunas y empresarios con pocos escrúpulos como el susodicho.

A fin de cuentas, el tal Jenaro no es más que un eslabón moderno en la larga trayectoria de los tan característicos empresarios españoles, los cuales, salvo honrosas excepciones, son los más prepotentes, impresentables, granujas, trileros y explotadores (no dejan de tratarte como un trapo, amén de recordarte, cuando trabajas para ellos, que les debes hasta el oxígeno que respiras) de todo el Occidente europeo, amparados como están por unas leyes a la carta aprobadas por nuestros representantes públicos y compinchados para más INRI con unos sindicatos corruptos, lo que les permite pagar unos sueldos de mierda a sus trabajadores, chupar todo tipo de subvenciones que emplean en cualquier cosa menos modernizar sus empresas y hacerlas competitivas (recordemos la tristemente “reconversión industrial” de los años 80´: la ley decía “reconversión”, no “destrucción” del tejido industrial patrio, pues el dinero público que se les dio era para poner al día la industria, no para cerrar y ponerse a especular en el suelo en los tiempos de la maldita “burbuja inmobiliaria”), así como evadir impuestos a mansalva.


Bochornoso y lamentable.

                                                           RICARDO HERRERAS SANTAMARTA



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