sábado, 20 de septiembre de 2014

Ana Botella: entre la Dama de Hierro y la Bruja de Hierro. Ricardo Herreras cuestiona a los politiqueros de Españistán.







LA “BRUJA DE HIERRO” EN MADRID.
 
Esta es una de las últimas fotos de Margaret Thatcherun año antes de su muerte acaecida en 2013, sentada tranquilamente en un parque londinense como una simpática ancianita - ¡quién lo diría! - sin ningún problema de conciencia ni nada que se le parezca por sus numerosas fechorías y crímenes. Eso sí, cometidos en nombre del sacrosanto capitalismo neoliberal más salvaje, cuya “caja de Pandora” en forma de desregularización de las transacciones financieras abrió a inicios de los 80´ junto con su amigote Ronald Reagan (alias “Reagan Hood”: el político que robaba a los pobres para dárselo a los ricos). Pues bien, en un acto que supone un grave insulto a la clase trabajadora española y que revela hasta que extremos de ridículo pueden caer los  politiqueros de Españistán, la que con cada aniversario de su desaparición los obreros británicos celebran con champagne (suena fuerte, pero les comprendo) tiene ya una reluciente plaza en Madrid inaugurada esta misma semana a bombo y platillo por la ínclita Ana Botella.

"Relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor" ha destacado de la ex primera ministra su "compromiso con la libertad" (sic). Me imagino que con la libertad de mercado. No está de más recordar algunas “cosillas” de aquella “entrañable” señora. “Cada hombre, un capitalista” - ¡qué sarcasmo! -  era el conocido lema de la “Dama de Hierro”. Como Atila, tras su paso por el 10 de Downing Street entre 1979 y 1990 dejó al país en una auténtica tierra quemada, implementando las agresivas políticas económicas que llevaron al proletariado inglés a cifras antes no vistas de paro, pobreza y desatención médica, condiciones éstas indispensables para acabar con el Estado de Bienestar y dejar a los más ricos en una posición de dominio abrumador hasta hoy día (ya saben lo que dijo Warren Buffett, una de las mayores fortunas del mundo, hace algunos años: “Por supuesto que hay lucha de clases y los ricos estamos ganando ahora”). Algunos datos: el número de británicos sin hogar aumentó un 38% entre 1984 y 1989; los impuestos a los más ricos pasaron de más de la mitad a menos de un tercio de los ingresos nacionales por las exenciones fiscales concedidas a los mismos; de 5 millones de pobres en 1979 se pasó a 14 millones en 1992; el número de drogodependientes pasó de menos de 3.000 en 1980 a 43.000 en 1996 al final del mandato tory… Por acabar, la Thatcher acabó hasta con el vasito de leche que a todos los niños del Reino Unido se les daba en el colegio por las mañanas. Solo la faltó privatizar el oxígeno… aunque, como buena neoliberal, su funeral de Estado lo pagaron todos los británicos, por supuesto.

Y no vamos a entrar en el terrorismo de Estado contra el IRA que ella aplicó de forma sistemática y con fruición (admitiéndolo públicamente, no escondiéndolo como el PSOE de Felipe González con el GAL, todo hay que decirlo), la infame guerra de las Malvinas (los familiares de los 323 soldados argentinos muertos tras el hundimiento del acorazado General Belgranoel 2 de mayo de 1982 a consecuencia del ataque del submarino nuclear Conqueror -en el único caso de un barco hundido en guerra de esta criminal forma- no la olvidan), su apoyo explícito a Pinochet (éste último, el auténtico pionero del neoliberalismo tras el golpe a Allende y el asalto a la economía chilena de los Chicago Boys) o al gobierno segregacionista de Pretoria, etc., etc.




Pero es que, rizando el rizo del bochorno, poner el nombre de una plaza en Madrid a una de las enemigas más declaradas de España (el “burreo” de Gibraltar o su firme oposición a que entráramos en la CEE; bueno, visto lo visto, en esta cuestión nos podría haber hecho un buen favor) sólo se le puede ocurrir a los rancios y acomplejados miembros de la casta política patria, los cuales parecen ya vivir en el limbo de los estúpidos. Además, ¿no es el PP tan patriota? Me imagino que lo son tanto como quienes se envuelven en la bandera nacional para luego entregar nuestra soberanía a la Troika y al FMI o evadir capitales a paraísos fiscales cuyos nombres todos tenemos en mente.




Quizás Esperanza Aguirre (gran admiradora de Thatcher; por cierto, la ridícula auto-condecoración que portaba en su funeral, ¿era una versión castiza de “Caballero de la Orden del Imperio Británico”? Patético…) y sus acólitos quieran convertir a Madrid en un gigantesco parque temático del neoliberalismo neocon. Por eso no nos extrañemos si en breve encontramos avenidas, calles, jardines y rotondas con los nombres de Milton Friedman, Escuela de Chicago, Von Hayek, Charles Peters, Goldman Sachs, Christine Lagarde, Wolfgang Schäuble o Emilio Botín. De todos modos, y bien pensado, dicha plaza podría ser uno de los lugares donde celebrar el ya muy próximo fin del Régimen del 78; mientras, unas pintadas subversivas no vendrán mal, o llevar al perro allí a hacer sus necesidades...  

Pero volviendo a la fotografía del principio, dice un amigo mío que casi todas las personas, cuando alcanzan la vejez, nos parecen buena gente, incluso las peores. ¿Será lo que Hannah Arendt llamaba "la banalidad del mal"? En todo caso, no sé a ustedes pero pensar qué Hitler y su cuadrilla de asesinos tendrían este aspecto apacible de haber llegado a viejos es algo que me pone los pelos como escarpias.

Ricardo Herreras Santamarta.



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