domingo, 7 de septiembre de 2014

El ocio en los tiempos del postmodernismo. Ricardo Herreras aprieta el acelerador.










EL OCIO EN LOS TIEMPOS DEL POSTMODERNISMO

Hay algo curioso en el ocio: de una u otra forma, casi todos nosotros lo poseemos, pero muy pocos podríamos definirlo con exactitud.

Su origen estaría (creo yo) en las conquistas sociales del añorado y hoy laminado "Estado del bienestar" de la segunda mitad del siglo XX, conseguido en gran medida por la lucha de la clase trabajadora en aras a poner límites a las extenuantes jornadas laborales del siglo XIX.  El problema es que hoy, con la mercantilización de todo, se ha transformado en un producto más de consumo. El resultado es que, a pesar de la sobreabundancia de estimulos externos en forma de ofertas con las que nos bombardean, éstas no parecen crear otra cosa que más y más necesidades superfluas, y la gente...¡¡¡se aburre como nunca!!! ¿Por qué?

A lo mejor ese hastío crónico que se observa en la mayoría de la gente tenga que ver con que un tiempo libre que deberíamos disfrutar y administrar de manera personal e intransferible, en cambio nos lo tienen ocupado, pautado, dosificado, intervenido…hasta el milímetro por los poderes fácticos a través de una asfixiante mercadotecnia, erigiéndose en un espacio muerto que hay que llenar a toda costa (como si del horror vacui artístico se tratara) hasta, llegado el caso, con las mayores estupideces. "Estupideces" que, lejos de saciarnos, actúan como si bebiéramos agua salada: cuanta más bebemos, más sed tenemos.

            Lo peor de todo es que para "combatirlo" se han ido dejando de lado las (a pesar de lo inevitablemente imperfectas que éstas resulten siempre) necesarias relaciones humanas para rodearnos de artilugios digitales (móviles, Internet, videoconsolas, etc.) tratando de encontrar en ellos experiencias instantáneas, anestesias temporales o efímeras satisfacciones con las que poder tapar ese "agujero negro" que ya se ha instalado en nuestras vidas y que representa la peor versión de lo que llaman “ocio”. 

En efecto: como si de un vicio insano se tratara, y más que una opción o un derecho, éste ha acabado convirtiéndose en un fin en sí mismo, es decir, en un bien de consumo obligatorio dirigido por una poderosa (y nada inocente) industria del entretenimiento, al tiempo que nos esclaviza, atomiza y estratifica más que nunca. 

¿Otro ocio es posible?

                                 
                                        Ricardo Herreras Santamarta.



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