domingo, 14 de septiembre de 2014

Emilio Botín y las responsabilidades ineludibles. La muerte del codicioso anciano en el punto de vista de Ricardo Herreras.









RESPONSABILIDADES  INELUDIBLES


La figura de Emilio Botín (y otros muchos capitostes como él) me trae a la memoria de inmediato este lúcido párrafo de Viaje al fin de la noche (1932), la brutal, descarnada y extraordinaria novela de Louis-Ferdinand Céline: “Desde luego, tenemos la costumbre de admirar todos los días a bandidos colosales, cuya opulencia venera con nosotros el mundo entero, pese a que su existencia resulta ser, si se la examina con un poco de detalle, un largo crimen renovado todos los días, pero esa gente goza de gloria, honores y poder, sus crímenes están consagrados por las leyes”.No tengo mucho más que añadir. 

Es obvio que nadie se alegra de la muerte de nadie, pero como miembro de una generación (los que ahora tenemos entre 30-45 años, llamada a contribuir con nuestro trabajo y formación académica a la creación de una sociedad como la española por primera vez verdaderamente democrática, próspera y libre) perdida, estafada y arruinada, la muerte del todopoderoso banquero nos deja un sabor amargo.

            Nuestra generación pide a gritos ajustar cuentas con quienes (¿hace falta dar nombre?) pergeñaron el entramado mafioso, corrupto y falsamente democrático montado aquí entre 1975-1978. Algo así como “matar al padre” (metafóricamente hablando, entiéndase: que nadie se asuste) al que se refería Freud. Sin embargo, la impunidad de las “jubilaciones blindadas”, el retiro dorado en los consejos de administración de las grandes empresas estataleso (como en el caso concreto de Botín) la misma acción de la naturaleza, lo están impidiendo.

            Ello nos retrotrae al devenir histórico de España, parco de revoluciones populares contra la opresión de los de arriba (que siempre se “van de rositas”) y, en cambio, muy dado al enfrentamiento entre hermanos. Sin ir más lejos, Franco murió en la cama de un hospital… y de haber necesitado algunos años más para dejarlo “todo atado y bien atado” es más probable que se los hubiese tomado. Ello no dice mucho de nosotros.

            En cualquier caso, es necesario que muy pronto se produzca un cambio antes que nuestros políticos del PP-PSOE conviertan a España en una tierra quemada para los restos (o, lo que sería casi lo mismo, en la “Bangladesh de Europa”: trabajos extenuantes por sueldos de miseria) y perdamos definitivamente el tren de la Historia. Hay señales inequívocas de ello. La ruina del régimen del 78 es ya indisimulable, por mucho que los telediarios quieran hacernos pensar que vivimos en Matrix. Además, la sociedad española va dando muestras de madurez: el “baño de realidad” desde 2008 está siendo la mejor escuela para que la gente vaya sabiendo lo que aquí ha ocurrido y cuales han sido los máximos responsables de ello. Por eso, ese cambio no será genuino sin que se “abran las ventanas” y entre aire limpio, para lo cual  habrá que llevar ante los tribunales a los culpables de la miseria y ruina presentes.

Por cierto… a fecha de hoy, sigo sin saber por qué todavía las banderas de los edificios públicos españoles no ondean a media asta: ¿no es eso lo que comúnmente se hace cuando muere el jefe del Estado de un país?


                                               RICARDO HERRERAS SANTAMARTA



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