lunes, 15 de diciembre de 2014

El postmodernismo del Musac mientras todo se derrumba a su alrededor, contado por Ricardo Herreras.







Ricardo Herreras Santamarta/ 


Nuestro MUSAC (Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León) es el prototipo de arquitectura postmoderna que desafía casi todos los cánones del sentido común y leyes de la racionalidad. De ese modo, podemos encontrarnos escaleras que no van a ningún lado, columnas que descienden sin tocar el suelo, galerías que van hacia todas partes y colorines chillones que rodean todo el exterior. Sus instalaciones recrean un paisaje excesivo y ecléctico, una pesadilla audiovisual donde se bombardea al visitante con imágenes fijas y móviles, luces y sonidos cambiantes, un zapping sin narración aparente, sin contexto ni nada a lo que el espectador pueda agarrarse, un popurrí estético pseudotelevisivo listo para ser consumido sin la más mínima reflexión.

Sí, en efecto: en las exposiciones de tan “postmodernuqui” edificio no existe “narratividad” alguna, tan solo aquella que el espectador pueda construirse subjetivamente a sí mismo a partir de los collages multimedia (formados por objetos surrealistas encontrados en basureros, siluetas de figuras recortadas a escala real, fragmentos de vídeo, audios de conversaciones descontextualizadas, etc.) del cachondo de turno erigido para la ocasión en artista, todo ello lanzado a la cara de forma agresiva para crear un ruido estético inquietante y una explosión sensorial multicolor. ¿El resultado? Puro humo, un pastiche formal, una estafa iconográfica, una tomadura de pelo manierista y pretenciosa de niveles tridimensionales. Esto es, la nada más absoluta.

Lo peor de todo es que, mientras el mundo se derrumba a tu alrededor (crisis económica, recortes sociales, desahucios, paro…), el despistado público tendrá a la salida de tan “memorable” como esperpéntica y confusa muestra expositiva frente a sí el Centro Comercial León Plaza para seguir inmerso en su burbuja artificial de irrealidad y, de paso, gastarse los pocos euros que le queden en comprarse alguna cosa seguramente innecesaria…

Sí, decididamente, la obra maestra del postmodernismo será la imagen del propio MUSAC en llamas, ardiendo hasta los mismísimos cimientos…aunque, a decir verdad, para ser un auténtico “postmo” lo ideal sería quitarle la cubierta al citado edificio y dejarlo a la intemperie, así nunca sabríamos si la obra está o no finalizada, destrozando así la narrativa de su construcción, jajajajaja.

                                                                      
                                                                       RICARDO HERRERAS



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