jueves, 12 de febrero de 2015

Tres colores (II). Blanco: igualdad. Brevísima Trilogía Reflexiva de Ricardo Herreras.








Ricardo Herreras Santamarta/
 
                                                   TRES COLORES (II). BLANCO: IGUALDAD

La igualdad se estableció como divisa a partir de 1789 para acabar con la férrea estamentalización de las sociedades del Antiguo Régimen y con el fin de que todos tuviéramos los mismos derechos y oportunidades.


Pero este lema ha tenido una historia posterior altamente problemática, hasta el punto de sonar hoy como una quimera inalcanzable. Ya para empezar, digamos que el concepto de igualdad sugiere que todos somos iguales, cuando la realidad es que (bien por egoísmo, bien por ambición, etc.) nadie quiere ser igual a quien tiene al lado, sino "más igual". Orwell en la brutal sátira aniestalinista que es "Rebelión en la granja" lo expresaba de un modo sarcástico mediante la frase "unos somos más iguales que otros". 

Desde luego, bajo unas estructuras socioeconómicas donde prima lo efímero y donde la simulación y la apariencia son normas de conducta, la igualdad solo puede ser igualmente falsa, superficial y aparente. La igualdad no puede basarse en el poder del dinero dentro de una sociedad vacía donde "los más iguales" son los que tienen la capacidad de comprarlo todo, sino en el amor verdadero y, sobre todo, en la dignidad de las personas. La potencia del dinero conlleva la impotencia de los afectos y nos aboca a convertirnos en seres atomizados persiguiendo - cual réprobos eternos - un tan quimérico como insatisfactorio sueño consumista.

Ante este panorama, es precisamente lo público (sanidad, educación, servicios sociales) una de las pocas cosas que nos puede aproximar a nuestra añorada condición de ciudadanos iguales. No en vano, el declive de la preocupación pública de los Estados reduciendo los problemas sociales a meras responsabilidades individuales que ha patrocinado el neoliberalismo se está revelando nefasto, privando de las mismas oportunidades, recursos y seguridad institucional para todos.

Así es: con la destrucción/privatización de lo público se abre la puerta a la desigualdad, se agranda la brecha social y pasamos a ser de facto no ya ciudadanos, sino súbditos o clientes. El retroceso de muchas conquistas y el retorno a un pasado que creíamos superado.

                                                   
                                                                                                               RICARDO HERRERAS



No hay comentarios:

Publicar un comentario