lunes, 30 de marzo de 2015

El Régimen del 78 se toma un respiro. La autonomía más castigada por la crisis premió a sus líderes políticos.







Ricardo Herreras Santamarta/




EL RÉGIMEN SE TOMA UN RESPIRO

Esperada jornada de elecciones autonómicas andaluzas, primera de las muchas reválidas/exámenes de este larguísimo curso electoral hasta las ansiadas generales de noviembre. De acuerdo a los resultados puros y duros digamos que muy bien el PSOE, mal el PP e IU, nefasto para UPyD, decepción sin paliativos de un Podemos que no ha conseguido movilizar la altísima abstención ni ganarse el voto del campo andaluz y sorprendente éxito de Ciudadanos en el territorio nacional que a priori le debía ser menos propicio.
Si nuestra crisis sistémica se medía por una anunciada debacle del PSOE a costa de un “subidón” espectacular de Podemos, tras lo ocurrido el domingo en Andalucía hay que empezar a pensar que a lo mejor no es tan profunda como creíamos algunos. O mejor dicho, la gente no la percibe así. Desde luego las redes mafiosas-clientelares del bipartidismo (y más en una Andalucía que parece padecer el síndrome de Estocolmo con el PSOE; en otros lugares como Valencia o Madrid, ¿ocurrirá de igual manera con el PP?) siguen funcionando a pleno rendimiento y, además, la jugada mediática de Ciudadanos como alternativa al desgaste del PP aglutinando el descontento de las clases medias, urbanas y de derechas ha dado resultado.
El PP se ha hundido (pasa de 50 a 33 escaños) por la corrupción nacional y la gestión de la crisis económica. Pero, en contrapartida, no ganan las fuerzas políticas (Podemos e IU, la primera encima restando más al segundo que a los socialistas) que apostaban por “abrir el candado” del tinglado montado aquí entre 1975-1978 mediante un proceso constituyente, si no el mismo Régimen personificado en el PSOE. Solo hay que ver la alegría de periodistas tipo Eduardo Inda y las portadas de La Razón o el ABC el lunes solazándose por el triunfo de "la Felipona", Susana Díaz (a la que ha bastado pasear su embarazo, utilizar un estilo rozando lo chabacano y envolverse en la bandera andaluza para hacer ganar otra vez a su alicaído partido), la cual bien podría gobernar en minoría o llegando a acuerdos puntuales con la formación de Albert Rivera.
Es cierto que los resultados en Andalucía no se pueden extrapolar al conjunto de España y que sí indican que el tradicional acaparamiento/bipolarización del voto por parte del "partido único" (PPSOE) ya no es lo que era, debiendo éste convivir a partir de ahora con otras opciones políticas. Pero la cruda realidad es que el Régimen tardofranquista -es decir, la oligarquía y el IBEX 35, los que mandan en esta cutre, casposa y degradada mezcla de cortijo y “patio de Monipodio” en que ha devenido la nación española- ha aguantado el primer envite.  Y lo que es peor, todo apunta a que su ciclo de vida, aún agónico, será más largo del esperado. Sufrimiento para la (masoquista) población incluido, con más y más recortes sociales de la mano del nuevo emblema neoliberal: Precariedad, Desigualdad, Austeridad.



  Cabe preguntarse qué tiene que ocurrir en una España devastada por la  corrupción (ERES, GURTEL) y convertida en tierra quemada por el pinchazo de la burbuja inmobiliaria para que la gente reaccione. “O la ciudadanía barre esta chusma a votos o a pedradas o tendrá que asumir ser esclava otros 40 años más”, decía el viejo y lúcido Beirás hace algunas fechas ante una oportunidad histórica de verdadero cambio como la presente. Pues en nuestras manos está lo uno o lo otro. Eso está claro. Aunque en un país con los precedentes del nuestro (en el cual nunca ha cuajado una revolución a la francesa que pusiera a la oligarquía y a la Iglesia en su sitio, con un Franco muriendo tranquilamente en la cama o, rizando el rizo, con el mismo pueblo gritando “¡Vivan las caenas!” para solaz del tiránico y absolutista Fernando VII, el rey felón), donde apenas se lee, la cultura está “litronizada”, se consume telebasura y fútbol en cantidades industriales… uno empieza a estar invadido por un pesimismo crónico. Más allá de que las cosas no cambian de un día para otro, ¿no tendremos lo que nos merecemos?

 

RICARDO HERRERAS



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