miércoles, 15 de abril de 2015

Cuando la dignidad se despide desde joven. El síndrome de Peter Pan que más cachondo pone a nuestros políticos.







Ricardo Herreras Santamarta/



         CUANDO LA DIGNIDAD SE DESPIDE

Por toda la piel de toro proliferan de un tiempo a esta parte las “despedidas de soltero” (y soltera), comitivas vociferantes de jóvenes y maduros con síndrome de Peter Pan disfrazados de forma estrafalaria, adornados con globos en forma de falos y pechos femeninos, bien aprovisionados de bebida, cuasi en extasiada peregrinación de garito en garito de strep tease

Quizás sea un anticuado, pero estos deleznables espectáculos erótico-festivos donde se dan rienda suelta a los instintos más bajos y que parecen la traslación perfecta del malsano espíritu de la telebasura a la realidad me producen vergüenza ajena. No, no tanto por una cuestión de moralidad o de corrupción de las “buenas costumbres” -los ritos de paso han existido toda la vida, lo mismo que aquellas celebraciones populares tipo carnaval donde antaño realmente SÍ se cuestionaba y subvertía temporalmente el orden establecido- como de dignidad personal.

Es verdad que las “despedidas” no son algo serio, pero no dejan de indicar el estado de degeneración al que ha llegado la cultura popular patria. Y en mi caso particular, cada vez que veo a un español degradarse de este modo, pienso de inmediato que no conviene darle armas al enemigo. La crisis económica y social (con recortes intolerables e índices de pobreza inhumanos) es ya de por sí humillante como para, encima, dar una imagen indigna a los que nos están estafando/explotando, porque entonces nosotros mismos nos estaremos convirtiendo en el mejor argumento de nuestra propia miseria y dando la imagen de que podemos aguantarlo todo.




Llegados a este punto y como bien decía Marco Aurelio, el glorioso emperador filósofo, vayamos “a la esencia” de las cosas. Si rascamos, veremos que todo apunta a un atávico espíritu de servidumbre que la sociedad española no acaba de quitarse de encima tras siglos y siglos de sometimiento, humillación y miedo. Tampoco hay que retrotraerse mucho en el tiempo: repetir, por ejemplo, un día sí y otro también que le debemos esta “democracia” a un rey es propio de un pueblo sin orgullo. La democracia no es algo que se regala al pueblo, es algo que se conquista como el resto de los derechos (sanidad, educación, etc.).

España no es un país de ciudadanos, es un país de súbditos. Súbditos cautivos y afectados por un irremediable síndrome de Estocolmo que -como en fechas cercanas en Andalucía- siguen votando/apoyando cual cómplices a los responsables directos de su desgracia. Esto lo sabe muy bien nuestra infame oligarquía, nuestros corruptos politicastros, la Troika y Alemania, los cuales continúan haciendo con nosotros lo que les sale de los cojones.

                  Con perdón, pero es la triste realidad.


                                                                    RICARDO HERRERAS



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