miércoles, 22 de abril de 2015

El saqueo de Chipre. ¿Ha comenzado ya la Europa de los ladrones?.







Ricardo Herreras Santamarta/


                          





                                                        EL SAQUEO DE CHIPRE 

Si tuviera que elegir una noticia que definiera la imparable deriva de la UE, además de qué va este latrocinio organizado a escala global denominado neoliberalismo, me quedaría con lo ocurrido en Chipre en el verano de 2013. En plena canícula, en cuestión de horas y sin solución de continuidad, la isla mediterránea pasó de ser uno de los muchos paraísos fiscales esparcidos por el orbe a convertirse directamente en un territorio de infame saqueo por especuladores financieros. Los rocambolescos hechos darían para un chiste contado por el genial Gila o para algún comentario cínico/cáustico (“El dinero ni se gana ni se pierde, solo cambia de bolsillo”) made in Gordon Gekko, aquel chacal de las finanzas interpretado de forma magistral por Michael Douglas en la lúcida y precursora cinta de Oliver Stone “Wall Street” (1986). Sin embargo la cosa tuvo muy poca gracia, sobre todo porque detrás de los números y las estadísticas siempre hay personas, familias que sufren.

Hubo un tiempo en que la Unión Europea parecía un proyecto común, atractivo e ilusionante, con ese hermoso ideal de unir las naciones en torno a la democracia, el estado de derecho, la libertad, etc. Pero hoy, bajo la hégira de Alemania (la obsesión y fanatismo germanos por reducir el déficit están resultando nefastos), es ya un proyecto cuasi fraudulento dominado en la sombra por innombrados poderes económicos y dirigido por una impresentable colección de políticos de diseño alejados de los verdaderos problemas del pueblo, ambos dominados por una insaciable sed de poder y dinero, muy capaces de despellejar a sus propios ciudadanos si hace falta.

En mi opinión, los acontecimientos de Chipre (donde Bruselas impuso, como condición para el rescate, el puro y duro robo de los ahorros de los chipriotas depositados en los bancos de la isla, olvidando la garantía que existía sobre los mismos, algo que, si no se llevó a cabo al 100 por 100 fue por la firme oposición del parlamento, con Rusia expectante) es el fin de lo poquito que quedaba de decencia en la UE y el principio de una etapa barriobajera, dominada por estos delincuentes de cuello blanco que nos gobiernan. Claro que, viendo algunos precedentes inmediatos -el líder libio Gaddafi, primero recibido con todos los honores por Aznar, Sarkozi o Berlusconi, más tarde bombardeado y asesinado sin piedad por la OTAN para mayor gloria de las multinacionales- uno se podría esperarse ya todo.





Primero fue la Europa del carbón y del acero, posteriormente la Europa de los estados, luego decían que si la de los pueblos y los ciudadanos... hasta que a partir de Maastrich se impuso definitivamente la de los mercados. Después de 2013, tras el robo descarado perpetrado en Chipre, se dio una vuelta de tuerca más y no sería exagerado hablar de la Europa de los ladrones. Y lo peor de todo, es que no somos pocos los que ahora mismo creemos que en el horizonte resurge otra vez una Europa sucia y quizás monstruosa, como lo fue muchas veces en su pasado más negro.

Porque en el fondo subyace algo todavía mucho más preocupante si cabe: la posibilidad muy real que el viejo continente vuelva a arder, ahora que el neoliberalismo ha conducido al capitalismo a una crisis crónica y, por tanto, éste necesita de una gran conflagración para “reactivarse”. Cualquier desliz podría conducirnos a una situación límite (véase lo que está ocurriendo en Ucrania). Europa está moralmente quebrada, fatigada, sin identidad, hundida en el barro neoliberal hasta el cuello, incapaz de pensarse y proyectarse hacia el futuro (aunque ese futuro nunca pueda ser perfecto) como una construcción sólida y colectiva, se retuerce en el cortoplacismo, nada en el consumismo y se embadurna en el hedonismo más inane. No ha aprendido nada de su antiquísima historia, solo cuenta el dinero y los bastardos intereses de los más privilegiados.

¿Una situación sin retorno? Como siempre digo en estos casos, de nosotros dependerá.

                                                           RICARDO HERRERAS


 


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