martes, 7 de abril de 2015

Los emprendedores. Como buscarse hoy la vida en la España de charanga y pandereta.








Ricardo Herreras Santamarta/ 

                             EMPRENDEDORES, LA (PEN)ÚLTIMA PATRAÑA

Durante algo más de una década no solo hemos vivido en una evanescente e irreal burbuja económica, sino también mental. En este sentido, la crisis iniciada en 2008 ha supuesto para todos nosotros tanto un brutal baño de realidad como -en lo que se refiere a conocer su  verdadera naturaleza- un curso acelerado e intensivo de capitalismo.

Pero los seres humanos raras veces aprendemos de nuestros errores (dicen que somos "el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra") y en estos mismos instantes ya estamos siendo embaucados por un nuevo espejismo: el de los emprendedores. Pero no nos engañemos. En el fondo, ser emprendedor supone cambiar la explotación de trabajar por cuenta ajena por la autoexplotación de hacerlo por cuenta propia. Salir de los cardos para caer en las gatiñas. 

El contexto tampoco es el más propicio. Con el crédito racaneado por los bancos, las prometidas ayudas de la Administración convertidas en papel mojado, la burocracia interminable, los impuestos asfixiantes para los autónomos y el pequeño comercio, los sueldos ínfimos generalizados más el consiguiente estrangulamiento del consumo que padecemos... montar un negocio hoy supone ser un kamikaze e ir a un precipicio casi seguro. 

Así que no nos dejemos engañar, ni malgastemos nuestro tiempo, esfuerzo y dinero. Tal como está el patio, lo de ser emprendedor (por muy bien que nos lo vendan o más allá de algunos casos de notorios triunfadores que vendrían a constituir la excepción dentro de la regla general) no es más que una farsa para justificar la ineptitud de unos impresentables políticos cuya obligación sería garantizar nuestro futuro y a los que importamos literalmente una mierda. Y, de paso, camuflar las cifras del paro y reducir gasto social. 

Como dicen en mi pueblo, "el que avisa, es avisador".

Y si no, ¡desmiéntemelo!

                                                              RICARDO HERRERAS



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