domingo, 10 de mayo de 2015

Capitalismo. El Becerro de Oro que embauca a nuestra sociedad desde hace más de cinco siglos.







Ricardo Herreras/


                                                                 EL BECERRO DE ORO

El capitalismo no ha perdurado más de cinco siglos porque sea un modelo socioeconómico connatural al ser humano, tal y como como afirman sus propagandistas más fanáticos con una simpleza sonrojante. De hecho, la humanidad vivió más de mil años con otros modelos, igualmente insatisfactorios todo hay que decirlo, caso del esclavismo o el feudalismo. Asimismo, todavía hoy existen algunas - pocas y bastante aisladas, en eso estamos de acuerdo - culturas cuyos modos de vida muy poco o nada tienen que ver con el mismo.

Tampoco ha pervivido porque haya ido cumpliendo sus sempiternas promesas de liberación, justicia, igualdad y prosperidad generalizadas. Y si no, que se lo digan a los millones de pobres a lo largo y ancho del mundo. 

Más bien todo lo contrario: se ha perpetuado gracias al robo masivo, manifiesto y constante de las élites privilegiadas, a la coacción generalizada de los más fuertes y poderosos sobre los más débiles, al complejísimo entramado de relaciones que ha ido construyendo entre el tejido social basadas en el dominio y la desigualdad, a la globalización de la explotación, al saqueo de los recursos naturales y de las propiedades comunales, a la mercantilización de todo, así como a su malévola capacidadpara fomentar la ya marcada tendenciaentre la gente a la competitividad, egoísmo y codicia (dicha tendencia no puede negarse, pero no debe servir de coartada para decir que es “innato” o “connatural”, lo cual es muy diferente).





Al hilo de esto último, y aunque infinitamente unos más que otros, todos tenemos algún grado de responsabilidad en el mantenimiento de tan monstruoso sistema, el cual amenaza ya hasta la continuidad de nuestra propia especie sobre la faz de una tierra cada vez más esquilmada/deteriorada. Los ídolos son colocados por y en beneficio de los que detentan el poder, eso es cierto. Aunque no conviene engañarse: ningún ídolo (y menos el “becerro de oro”) podría sostenerse después por tanto tiempo sin la adoración masiva de los fieles.

Pero el mayor éxito del capitalismo es haber conseguido que no seamos capaces siquiera de no ya de plantearnos, sino de imaginarnos otra forma de vida que la establecida por sus injustos parámetros. Podemos imaginar con toda tranquilidad incluso - en cine o literatura - apocalípticos finales del mundo, pero nunca el final del capitalismo. ¡Qué paradoja!

En efecto, es muy, muy difícil cambiar el mundo sin imaginar primero otro diferente. No obstante, deberíamos tener en cuenta que todo lo que ha sido creado es porque de una u otra forma antes ha sido imaginado. Por tanto, no es imposible ni tarde aún para, al menos, cambiar algunas cosas que hagan de este mundo un lugar más justo. Una tarea titánica, sin duda, porque además de imaginárselo, después hay que creérselo y finalmente luchar por conseguirlo.


RICARDO HERRERAS



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